La terrible violación que ocultó Claudia Cardinale y cómo engañó a todos con el hijo que tuvo

Claudia Cardinale cumple 80 años, recordando que Marlon Brando quiso seducirla… y ella se arrepintió luego de impedírselo

Manuel Román

Cuando se alcanzan los 80 años como Claudia Cardinale este domingo, 15 de abril, es buen momento para hacer recuento de una vida rica en acontecimientos como la suya; unos dramáticos y otros, entre felices, interesantes y divertidos. Al cine llegó de pura chiripa. Había nacido en la capital de Túnez en el seno de una familia italiana. Acudió invitada a la fiesta en la que se elegía a la más bella de un concurso de misses. Y en el momento en el que las participantes subían al estrado, alguien la tomó inesperadamente del brazo y la hizo comparecer ante el jurado junto al resto. Fue la ganadora. Y el premio: un viaje con gastos pagados al Festival de Cine de Venecia. Allí sacó de su guardarropa una túnica típica tunecina, también un bikini, cuando todavía en Italia no se exhibían. Los reporteros gráficos resaltaron con sus cámaras en la ciudad de los canales a una preciosa mujer que, en poco tiempo, iba a ser una adorada estrella de la pantalla, tras las huellas de Gina Lollobrígida y Sofía Loren. Digamos que la tercera en discordia.

Animada a estudiar en el Centro Experimental de Cine de Roma, Claudia Cardinale fue descubierta por un avispado productor llamado Franco Cristaldi, que la convirtió en un deseado "sex-symbol" con su explosiva anatomía mediterránea. Sólo le fallaba su voz, grave, ronca, profunda, por lo que en sus primeras películas tuvieron que doblarla: Rufufú, Rocco y sus hermanos, El Gatopardo… Sólo Federico Fellini le hizo actuar con su propia voz, en Ocho y medio. Nuestra intención aquí, más que resaltar su abundante filmografía, que supera según ella misma los ciento cincuenta títulos, es contarles sus vicisitudes sentimentales, comenzando porque contando diecisiete años y viviendo aún en la capital tunecina fue violada por un tipo mayor que ella, quien la seguía desde hacía tiempo sin que Claudia le hiciera caso. Hasta el día en el que accedió a acompañarlo a una fiesta, subió al coche del desconocido galanteador, quien la llevó a una casa de campo, forzándola. De aquella brutal agresión quedó embarazada de un varón. Decidió Claudia viajar a Londres, pero no a abortar como hacían otras jovencitas en su mismo caso: fue bautizado el niño con el nombre de la iglesia donde lo bautizaron, Patricio. La familia de la avergonzada mamá lo acogió como uno más. Y en adelante figuró como un hermano de Claudia. Y ya viviendo en Roma es cuando el hombre que la lanzó al mundo del cine, Franco Cristaldi, se prestó a adoptarlo y darle su apellido. Fue enamorándola hasta tiempo después convertirla en su esposa. Eso sucedió en 1966. Pero a lo largo de siete años no se hizo público el asunto de su violación y para la prensa italiana Patricio siguió siendo el hermano ficticio…de quien en realidad era su madre. Las relaciones de aquel matrimonio fueron deteriorándose, divorciándose en 1975.

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Cardinale, en Hasta que llegó su hora | Archivo

Hasta entonces, C.C., como sería conocida en los ambientes cinematográficos siguiendo la pauta de Brigitte Bardot (B.B.) con la que coincidió en Las petroleras, rodada en tierras malagueñas, había tenido un sinfín de pretendientes surgidos en los propios rodajes. Compañeros de ocasión y galanes seductores como un celoso Alain Delon, un no menos insistente Jean-Paul Belmondo y un simpático Marcello Mastroianni, con quienes tuvo más de un roce. En Oggi, la conocida revista italiana, Claudia Cardinale recordaba estos días cómo fue odiada por Catherine Deneuve al conocer aquellos amores. La francesa ya es sabido fue amante de Marcello unos años y tuvo una hija con él.

No a todo el mundo podía caerle bien Claudia, pues cuando vino a Madrid a rodar El fabuloso mundo del circo, su protagonista masculino y pareja suya, el gigante John Wayne, dijo de ella que era un marimacho. Exageraba aquel rudo actor. Tampoco le fue bien a C.C. su encuentro en aquella misma película con la otra protagonista en liza, Rita Hayworth, quien con muy mala "milk" se presentó en la "roulotte" de la italiana y le soltó lo siguiente: "Yo antes también fui guapa, no lo olvides…". Y estando en un hotel de Roma, año 1967, oyó que llamaban a la puerta. Quien lo hacía, Marlon Brando, fue invitado a entrar en la "suite", y sin mediar muchas palabras se abalanzó sobre ella, que esquivándolo y riendo, le hizo comprender que no era bienvenido. El protagonista de La ley del silencio se despidió sin darle mayor importancia al incidente. Con el paso de los años, Claudia Cardinale confesó: "Me arrepiento de aquella decisión, pues yo admiraba mucho a aquel hombre". Otra aventura que sí llegó a buen puerto, aunque llevada discretamente, fue junto al Presidente francés Jacques Chirac.

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Cardinale, en 2007 | Cordon Press

Después del chasco que se llevó en los últimos años con Franco Cristaldi Claudia Cardinale se encamó con el director cinematográfico Pasqual Squitieri, que estaba casado. Veintiocho años duró aquella intensa relación, de la que vino al mundo una niña llamada como ella. Hasta que murió él. Precisamente en el pasado mes de marzo, Claudia Cardinale ha representado la adaptación de una comedia de Neil Simon, "La extraña pareja" junto a Ottavia Fusco, viuda de Squitieri. "Lo he hecho por amor a Pasquale", ha declarado recientemente C.C., para deshacer en Italia toda una serie de comentarios morbosos por esa sorprendente reunión teatral.

Claudia Cardinale, en resumen, levantó oleadas de pasiones. Y en Estados Unidos se cuenta que Robert de Niro estuvo loco por ella "para llevarla al huerto". Y hasta el extravagante Bob Dylan por su cuenta y riesgo eligió una fotografía de Claudia para la portada de su disco "Blonde on blonde", que hubo de retirar cuando le hicieron ver que ella no le había dado permiso para tal uso. El único galán con los que trabajó que no le hizo ninguna proposición indecente fue Rock Hudson: "Evidente era su condición gay", explicó la estrella. Que tiene a su hijo Patricio viviendo en Nueva York donde, a los sesenta y tres años, se gana la vida como diseñador de moda. Claudia Cardinale reside en los últimos tiempos en París, aunque viaja a Italia de vez en cuando. Le espera allí próximamente el rodaje comprometido de la película Rumore, otro en Francia y un tercero en Egipto. No comprende su vida sin trabajar, aunque ya no sea con la asiduidad de antes. Su última película estrenada en 2015 es Todos los caminos llevan a Roma. Asegura que no quiere someterse a ningún "lifting" ni parecido tratamiento facial: "No podemos detener el tiempo y hay que aceptarlo". Quien fuera la feliz protagonista de La chica de la maleta, probablemente su mejor interpretación en la pantalla, es a sus ochenta años, el penúltimo mito del cine italiano.

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