El capítulo más desconocido sobre Sara Montiel: el amor que añoró durante décadas

Mientras era reconocida por su trabajo en todo el mundo su pueblo natal, Campo de Criptana, aquel del que siempre presumía, se olvidó de su paisana.

L. Javier del Pozo

Jamás ocultó Sara Montiel su pasión por La Mancha. En aquellos terribles años en los que se acercaba la temida sombra de la Guerra Civil siempre le venía a la mente su pueblo natal, Campo de Criptana, y aquella familia humilde que había dejado atrás. Poco antes de la contienda, Isidoro Abad, su padre, agricultor en el campo, o gañán, como se les denominaba en estas tierras, vio cómo su salud se resintió y decidió marchar a Orihuela junto a su familia buscando un clima que fuese beneficioso contra su mal, donde Sara finalmente creció.

Durante su adolescencia, tuvo agridulces recuerdos de sus orígenes: rememoraba con cariño aquellas mañanas en las que visitaba a sus tías y jugaba a ser actriz con sus primas, pero sufría al recordar a su padre enfermo arrodillado ante su amo en el campo. María Antonia, como aún se la conocía, tuvo un sueño: convertirse en Sara Montiel y no tener que trabajar nunca bajo las órdenes de nadie. Aún así, "nunca olvidó a su pueblo. Nunca olvidó a sus primas, a sus tías…", recuerda con cariño Manolita, prima de Sara durante una charla con Chic. "Con tan solo cinco o seis años ya destacaba. Tenía una vena artística que la hizo triunfar".

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Ya instalada junto a su familia en la localidad alicantina, y cuando apenas tenía 13 años, varios productores pusieron sus ojos en ella mientras cantaba una saeta a la imagen del Cristo. Convencidos de que se encontraban frente a una estrella, la llevaron de su mano a Madrid. Lo que vino después es de sobra conocido: se presentó a un concurso de artistas en el parque del Retiro de Madrid y fue portada de la revistas más importantes del país. Pronto triunfó en el cine, pero su sueño iba más allá, y marchó junto a su madre a la conquista de México. No contenta, aterrizó en Hollywood y trabajó al lado de estrellas como Gary Cooper; Burt Lancaster; Joan Fontaine, Vincent Price, Charles Bronson, Marlon Brando, James Dean, Liz Taylor, Marilyn Monroe, y un largo etc.

Sin embargo, aquellos papeles de india nunca gustaron a Sara, que veía como los personajes que ella soñaba, los que podrían hacerle brillar, se los ofrecían a otras. Su verdadero éxito empezaría tras su retorno a España, después el taquillazo inesperado de El último cuplé, que la convirtió en la actriz mejor pagada del mundo y la diva entre las divas.

Pero, ¿aún había hueco en el corazón de Sara para aquella pequeña villa manchega que había dejado de niña? "Nunca se olvidó de nosotros. Venía a ver a mi madre, a la que consideraba como una hermana, la subía en un coche y se la llevaba a Madrid a ver los estrenos de sus películas. Quería que su familia disfrutase con su trabajo". Sin embargo, era su pueblo quien se había olvidado de ella. "Era otra época. Mientras que Sara siempre tenía a Campo de Criptana en su boca, aquí había gente que no la quería. Era una artista y la mentalidad en los pueblos era diferente". Por ello, siempre fue muy discreta cuando acudía al municipio a ver a su familia.

Aquella espinita tardó años en sacársela, pues mientras era reconocida por su trabajo en todo el mundo, su pueblo, aquel que paseaba en todas sus entrevistas, seguía sin atender a su paisana.

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Sara Montiel junto al compositor Luis Cobos en Campo de Criptana

Luchó por ser amada

Llegó el cine del destape, un aro que ella no estaba dispuesta a atravesar, y como buena artista, supo reinventarse y centrar su carrera en espectáculos en vivo en que se siguiese ensalzando su figura. No fue hasta 1974, cuando el país comenzó a cambiar, que Campo de Criptana se acordó de ella y fue reconocida con un primer homenaje. "Desde entonces, todos salían a la calle a recibirla cada vez que pisaba el pueblo. Se tardó mucho, pero finalmente le dieron todo su cariño", recuerda su prima.

Ya en los años ochenta, se colocó una placa en la casa donde nació, que sigue expuesta en la actualidad, se la nombró hija predilecta y le fue concedida la medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Desde entonces en la localidad manchega siempre hubo un momento para acordarse de ella, e intentar enmendar aquellos años de indiferencia. Se abrió uno de sus famosos molinos de viento como museo honorífico, en el que se conserva el piano con el que, aseguran, se compuso el éxito mundial "Fumando Espero" y guarda entre sus muros fotos, vestidos y recuerdos personales que donó la actriz, su familia o seguidores. "Siempre que la llamaban, venía. Para ella era un orgullo acudir a los homenajes. Eso es lo mejor de todo, que se la homenajeó en vida y pudo morir sabiendo que su pueblo la quería", cuenta Manolita.

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El piano en el que se compuso Fumando Espero
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Vestidos cedidos por Sara Montiel a su museo de Campo de Criptana

Sin esperarlo y llevándose consigo parte de los corazones de los criptanenses, Sara nos dejó un 8 de abril a los 85 años. Este fin de semana, hubiera cumplido 90 años.Tras su fallecimiento, Campo de Criptana sigue albergando gran parte de su irrepetible legado y siempre podrá presumir de ser el lugar que vio nacer a la estrella española más importante de la historia del cine y a la mejor representación manchega por el mundo. Su amigo Terence Moix así la describió: "Sara era así, Superlativa; Excesiva; Barroca; Diva. Y no dejó de serlo en ningún momento de su vida. Permaneció siéndolo hasta el final. La gente que hemos tenido la suerte de conocerla más o menos a fondo y en la intimidad lo sabemos; era todo eso, pero también era íntima, acogedora, amiga de sus amigos y divertida". Y así se la sigue recordando.

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