Las manazas de Trump sobre Kathleen Turner

Rosa Belmonte

Alguien con la voz de Kathleen Turner puede quejarse de la de quien sea. Dice que por la calle no la conocen, pero que como abra la boca, se vuelven las cabezas. La voz de Elizabeth Taylor no le gusta. "¿La has oído en La gata sobre el tejado de zinc? Es horrible. Tiene una mala voz y la usa mal. En cualquier caso, la gente está todo el rato pidiéndome hacer Dulce pájaro de juventud y yo digo que ya está bien de mierda de Taylor". Tampoco cree que tuviera muchas dotes como actriz. De ¿Quién teme a Virginia Woolf? cuenta que Edward Albee no soportaba la película y que Taylor y Burton estaban todo el día borrachos y gritándose. "Una vez alguien me comentó sobre la película: ‘Yo tengo eso en casa. ¿Por qué iba a salir a verlo?'". La actriz de 64 años, y dedicada fundamentalmente al teatro (quiere hacer de rey Lear) y a impartir master classes, ha dado una entrevista a Vulture y desde luego no hay nada que sobre. Será porque la guía la rabia. Será por la gente que se ha encontrado. O por cómo Hollywood trata a las mujeres mayores y gordas que antes han sido un sex symbol. Cuando lo era, se enteró de que Michael Douglas, Jack Nicholson y Warren Beatty tenían una competición para ver quién se la tiraba antes. No lo hizo ninguno.

Pero lo de ser un trofeo era constante. Durante el rodaje de El honor de los Prizzi fueron a casa de Nicholson en Mulholland Drive y le pidió que llamara a casa de Warren Beatty y le dijera que no tenía sacacorchos. "¿Por qué?". "Ya verás lo rápido que viene". Según Turner, estaba asumido que las mujeres eran propiedad que ser reclamadas. En otra fiesta se sentó al lado de Jack Nicholson porque era la silla que estaba vacía. Se fue pronto y el otro la llamó para reclamarle. Que cómo le hacía eso, que era su cita. No vivía en Los Ángeles porque la ciudad la hacía sentirse insegura.

De Nicolas Cage recuerda que era un tipo complicado en el set de rodaje y esa voz ridícula que decidió poner en Peggy Sue se casó. Le preguntó a Coppola, que era bastante quisquilloso, si aprobaba eso y el director dejó hacer al actor lo que quisiera. Un gilipollas, dice. Burt Reynolds no queda mejor parado. "Trabajar con él fue terrible. El primer día me hizo llorar". Al parecer, no consentía que una mujer estuviera en condiciones de igualdad. De Trump (en los 80) cuenta que daba la mano muy fuerte y con el dedo índice le frotaba la muñeca, intentando algún tipo de movimiento íntimo. "Tú apartabas la mano y te ibas. Qué asco". William Hurt no se libra. "Puede ser muy raro". En el rodaje de Fuego en el cuerpo quería hablar de cómo querían morir. Ella no recuerda su respuesta, pero él dijo que quería ser absorbido por un motor a reacción. Las discusiones con él eran así. "Dios, no querías estar hablando con Bill mucho tiempo".

De su papel de Charles Bing/Helena Handbasket en Friends tiene la impresión de que no fue muy bien recibida por el reparto. Llegó allí con ese disfraz de lentejuelas y los altísimos tacones que la estaban matando. "Encontré extraño que ninguno de los actores pensara en ofrecerme una silla. Al final fue alguien de los viejos del equipo el que gritó: ‘Traigan a Miss Turner una silla"’. Cree que los actores de Friends eran como una pandilla que no aceptaba a nadie de fuera. Le pregunta David Marchese, el autor de la entrevista, qué le parecieron como actores. "No voy a comentar eso". Con Elizabeth Taylor sí se atreve.

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