La sátira

Los triunfos de Monago

Fray Josepho

Don José Antonio Monago,
flor de la testosterona,
vuela a las Islas Canarias
para abrazar a su chorba.
Viaja desde Extremadura,
la tierra de las bellotas,
para ver en Tenerife
a su chati de Colombia.

Quién le paga los billetes
es menudencia enojosa
que no merece siquiera
ni un minuto de demora.
Don José Antonio Monago
vuela… porque se le antoja.
Y porque, a la edad que tiene,
lo que mandan son las gónadas.

La colombiana de marras
es una tremenda moza
que quita el hipo de golpe,
y es de toma pan y moja.
Con semejante chavala
la pesquis se descontrola,
los bajos se encalabrinan
y la castidad zozobra.

¿Quién le va a criticar eso?
Si alguno se lo reprocha,
lo hace porque tiene envidia,
mezquina, ruin y biliosa.

Tú no hagas caso, Monago.
Que el poder es poca cosa,
comparado con los triunfos
que se obtienen en la alcoba.
Si dentro de algunas décadas
quedara de ti memoria,
no va a ser porque presidas
tu comunidad autónoma
(que eso es vanidad efímera,
que eso es viento, que eso es pompa,
que eso es una fruslería
de muy poquísima monta).

Si algún día, José Antonio,
a ti se te rememora,
será por ser un machote,
un segundo Casanova
y el don Juan de Extremadura.
¡Tres hurras por tus victorias!

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