Paco de Lucía, un revolucionario del flamenco

Manuel Román

Una tarde de 1973 un reducido grupo de periodistas acudimos a una discoteca madrileña, a espaldas de la Plaza de España, convocados a la presentación de un disco y un personaje que han marcado desde entonces la revolución en la guitarra flamenca. El título de la grabación era "Entre dos aguas" y el nombre de su creador, Paco de Lucía. Remarco lo del número de informadores y comentaristas musicales: no sobrepasábamos la docena. Con ello trato de situar al artista en un tiempo en el que apenas era conocido, fuera desde luego del ámbito puro del flamenco. Por entonces, el locutor Jesús Quintero, celebrado por el mote de "El loco de la colina", gran amigo suyo, hizo difundir a través del programa que comandaba en la sobremesa de Radio Nacional de España las piezas de aquel soberbio "long-play".

Un público mayoritariamente juvenil comenzó, a partir de ese disco, a disfrutar escuchando la guitarra flamenca de Paco de Lucía, que había introducido en él elementos entonces no muy ortodoxos en el género: instrumentos de percusión, más propios de los ídolos del rock y el pop. Dio muchos conciertos en Universidades. Los puristas del flamenco lo pusieron de vuelta y media, con algunas excepciones. Pero el responsable de aquella revolución, tocando el instrumento a una velocidad hasta entonces inconcebible, manteniendo un ritmo electrizante en sus bulerías, alegrías, soleares, fandangos, sin perder la hondura de los clásicos pero abriendo una puerta de libertad a la guitarra, se convertiría en el más grande "tocaor". Renovaba al compás de su tiempo, siguiendo las huellas que marcaran en tiempos pretéritos desde Ramón Montoya hasta Agustín Castellón ("Sabicas"), éste último quien más influiría en su arte asombroso. Porque los guitarristas de los años 50 y 60 lo que hacían en general era imitar al Niño Ricardo. Y Paco de Lucía consiguió lo que tanto buscaba: tener un estilo propio. Era un genio de la guitarra sin lugar a dudas.

Francisco Sánchez Gómez había nacido en Algeciras (Cádiz) el 21 de diciembre de 1947. Fue su padre, Antonio Sánchez Pecino, vendedor de telas, que era un buen aficionado al flamenco y tocaba estupendamente la bandurria y la guitarra, quien lo instruyó en esos instrumentos. Como asimismo a sus otros hijos, Ramón, otro gran guitarrista que se nos fue, y Pepe, "cantaor" soberbio, padre de la hoy popular Malú. Nuestro protagonista heredó su nombre artístico de su madre, Lucía Gómez González. Hubo un tiempo en el que lo llamaban "el hijo de la portuguesa", en razón de que quien lo trajo al mundo era lusitana, pero terminaría siendo Paco de Lucía. No obstante, en sus escarceos artísticos, él y su hermano Pepe se anunciaban en los primeros años 60 como "Los Chiquitos de Algeciras". Unos chiquillos dotados de gracia y arte que grabaron un disco de cuatro canciones ("Balada de los tres ríos", "Romance a Mary Paz", "Soleá de Alcalá" y "Tanguillos de Málaga"), hoy pieza cotizada entre los coleccionistas.

Paco de Lucía se fue convirtiendo en un guitarrista reclamado por figuras del cante y el baile, como José Greco, con cuyo ballet actuó en medio mundo. Había conocido al Niño Ricardo, aprendió de él, pero quien lo marcó definitivamente como decíamos, fue "Sabicas", al que trató en Nueva York, donde aquel gitano de Pamplona, intuitivo y final, vivía desde hacía muchos años.

De nuevo en España, Paco sería contratado en infinidad de espectáculos teatrales y en "tablaos" pero siempre, ¡ojo!, como guitarrista que acompañaba a los cuadros flamencos, a los "cantaores". Cuando en verdad puede decirse que inicia su destape como solista es a partir de 1967, fecha en la que apareció el elepé "La fabulosa guitarra de Paco de Lucía". Año en el que se editó otro extraordinario disco, con su hermano Ramón: "Dos guitarras flamencas en América Latina", aflamencando con sus guitarras una serie de canciones populares hispanoamericanas.

Premio Nacional de Guitarra Flamenca en 1970. En 1975 dio un magnífico concierto en el Teatro Real de Madrid. ¿Un flamenco en el Real?, se preguntaban algunos, como si aquello fuera una herejía. El mismo que en 1978 se atrevió con la música de su ilustre paisano Manuel de Falla. Nunca se olvidó Paco, pese a sus experimentos técnicos constantes, del verdadero flamenco, de sus más hondas esencias. Sus discos junto a su amigo del alma Camarón de la Isla son ya historia. Paco quería, admiraba con locura, a Camarón y sus grabaciones en los años 70 están en la memoria de cuantos aman el flamenco.

Los años 80 del pasado siglo ya nos muestran al Paco de Lucía internacional que conocen las nuevas generaciones, cuando a partir de 1982 colabora con el pianista de jazz Chick Corea, y surgen conciertos y grabaciones al alimón. También toca con su colega John Mac Laughlin. Su encuentro Miles Davies no lo olvidaría nunca. Ni tampoco otras actuaciones junto a Di Meola, Carlos Santana, Larry Coryel… así, van transcurriendo temporada tras temporada sus giras multitudinarias por diversos países, donde son aclamados por jóvenes rockeros, a los que nuestro compatriota asombra con la guitarra española. A finales de 1991 se presentó su versión del "Concierto de Aranjuez". Estuve en ese acto, casi a su lado, en un salón de la SGAE, donde me confió sentirse contrariado porque no había asistido el autor, el célebre maestro Joaquín Rodrigo, que le había prometido ir. Y es que los clásicos como éste, o como Andrés Segovia, que así me lo dijo un día, no aceptaban que instrumentistas como Paco de Lucía, que no habían pasado por el Conservatorio, que no sabían leer una partitura, tocaran el repertorio de ellos. Y Paco respetaba al máximo a tales clásicos. En 2004 le otorgaron el premio Príncipe de Asturias. Quede en esta biografía de urgencia que intervino en cinco películas: "The hit", "La Sabina", "Carmen", "Montoyas y Tarantos" y "Sevillanas".

En su vida personal, estuvo casado con Casilda Varela, hija del bilaureado con varios hijos. Ella fue "su novia de siempre", mujer de su vida. Por eso, la separación del matrimonio sorprendió a los que conocíamos a la feliz pareja. En años posteriores, Paco, ya asentado en México, encontró un definitivo amor.

A Paco de Lucía lo entrevisté en muy diversas ocasiones. No era amigo de explayarse públicamente, por su pudor, su timidez, siempre sencillo y nada fatuo. Recuerdo algunas de sus confesiones: "El flamenco ha estado inmovilizado en España durante los últimos 40 años, y yo lo concibo como música viva". Y también esto: "El flamenco es una música crispada que no se puede estudiar, sale dentro de uno". Para concluir aquí, este día de su adiós: "No hay día que pase sin que yo toque mi guitarra. Para que mis dedos estén siempre en forma es necesario. Y, además, no sé hacer otra cosa en esta vida".

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