El penúltimo raulista vivo

Zinedine Zidane: se fue un entrenador, vuelve la reencarnación del gurú Yogananda

Todo en la relación profesional de Zinedine Zidane con el Real Madrid ha estado rodeado de cierta imprevisibilidad. Era imprevisible que al estandarte de la Juventus de Turín lo atara Florentino Pérez con una servilleta de papel, pero así fue. Era imprevisible que, en tiempos de zozobra absoluta y total, el presidente del Real Madrid se fijara en un exfutbolista genial pero un entrenador sin experiencia, pero así fue. No parecía previsible que aquel parche, aquel paracaídas, fuera capaz de ganar una Copa de Europa, pero ganó tres seguidas en dos años y medio. No era previsible que, después de semejante heroicidad, ese técnico dejara de repente colgado de la brocha al club de sus amores pero así sucedieron las cosas. Y, después de una temporada terrible, parecía poco previsible que Florentino se fijara de nuevo en él y mucho menos previsible era que Zidane aceptara, pero primero ocurrió lo primero y hoy, tal y como anunciaba Josep Pedrerol a las tres de la tarde en Jugones, ha sucedido lo segundo.

Este advenimiento de Zidane encierra el reconocimiento implícito y generoso por parte de Florentino Pérez de que se equivocó. Zidane advirtió, al parecer, de los efectos perversos que el éxito estaba provocando en una plantilla cansada de ganar y sin la ambición por competir y o bien se le hizo caso omiso o bien se creyó que el francés exageraba o su análisis de la situación no era el correcto. Zidane se fue en parte porque no quería estrellarse con esta plantilla, o sea porque no quería pasar por el amargo trance de Lopetegui o Solari; dejó una bomba de neutrones en el despacho presidencial y por la tarde se marchó con su señora esposa a comprar un tresillo a Muebles La Oca, literal; de modo que al reconocimiento implícito del error, Florentino añade el esfuerzo por tragarse el orgullo. El presidente del Real Madrid podría haber asumido que se equivocó y traer a otro entrenador dispuesto a meter el bisturí pero, sin embargo, ha decidido llamar al mismo que le dejó tirado demostrando, como decía, gran generosidad por su parte.

Si Zidane se fue en junio porque advirtió de lo mal que estaba el vestuario y vuelve en marzo después de que se hayan confirmado sus peores augurios no puede ser únicamente porque se haya aburrido después de diez meses paseando al perrito o porque ya no queden más muebles que comprar en La Oca sino porque Florentino, que ha reconocido con su elección que se equivocó y que el francés estaba en lo cierto, le habrá dado carta blanca deportiva para hacer y deshacer y porque, ahora sí, Zidane se habrá mostrado de acuerdo y dispuesto a liderar la renovación. Porque el entrenador que ahora llega al Real Madrid no es el parche, no es el paraguas, no es el paracaidista sino la reencarnación en la tierra del gurú Parmahansa Yogananda, el yogui que adoctrinó a sus alumnos con el kriya yoga. Cuando subió del Castilla, Zidane era una incógnita; cuando dejó el banquillo madridista después de ganar tres Champions, Zidane era una leyenda; hoy Zidane es un hombre cósmico y contra eso nadie puede competir, ni siquiera José Mourinho, que es sólo un hombre.

El imprevisible "sí, quiero" de Zidane en el mes de marzo nos habla también de que, en plena crisis, ha vuelto el mejor Florentino Pérez, Superflorentino en la hora cero, el hombre que se sacó de la manga a Luis Figo y del bolsillo a Ronaldo. El otro día decía que el Real Madrid necesitaba ahora, en este momento, al Pérez más activo, al Pérez negociador y seductor, al Florentino Pérez más creativo. Para mí, la de Zidane era la segunda mejor opción posible porque la primera era Mourinho, pero es cierto que con Zidane el Real Madrid tendrá un mes más de paz mediática que con el portugués. Ojo, sólo un mes más, nada más que un mes más: en 30 días empezarán a silbar las balas... si es que no lo han hecho ya. Hoy mismo, en El País, Diego Torres firmaba un artículo titulado "Zidane no quiere saber nada" y añadía que el francés "se niega a hacerse cargo del banquillo del Madrid con la temporada en curso". Pues bien, la negativa de Zidane es lo más parecido que conozco a una respuesta afirmativa y el titular a cuatro columnas de El País es un tantarantán similar a salir el 8 de agosto de 1974 afirmando tajantemente que a Nixon no se le pasa por la cabeza dimitir.

Ahora bien, Zidane ya no llega virgen al banquillo, ya no es una incógnita sino una certeza y de él se espera como mínimo lo máximo. Zidane ya no es el entrenador que venía de hundir al Castilla como dijeron muchos sino, como decía antes, el puñetero gurú Parmahansa Yogananda. De Zizou, que ganó todo lo que podía ganar y que advirtió de la debacle, ya no se espera que acierte con la alineación sino que haga milagros y, si no los hace, se le reprochará. Porque no regresa un entrenador sino un hombre cósmico, un catalizador, un integrador noético, una mutación metafísica, lo que Houellebecq denominaría un ejecutante. Suerte, Zizou, en tu segundo advenimiento al banquillo madridista. Eso sí, multiplica rápido los panes y los peces, que ya te siguen de cerca el rastro.

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