El penúltimo raulista vivo

Yo también soy un canalla

Hasta que pase el Gran Premio de Abu Dabi de Fórmula Uno, o sea hasta la tarde del domingo, la actualidad girará alrededor de Fernando Alonso y de José Mourinho; y una vez sepamos definitivamente si el asturiano se ha proclamado o no por tercera vez campeón mundial, (ojalá que sea que sí) el entrenador del Real Madrid volverá a tener el protagonismo total y absoluto. Vaya por delante que a mí Manolo Preciado me cae muy bien, considero que es un buen entrenador y me parece que tiene un par de cataplines bien puestos. Hoy, sin embargo, Manolo se ha pasado tres pueblos al llamar canalla al portugués. Hubo mucha gente del fútbol, y no sólo Mourinho, que cuando vio que Preciado salía sólo con tres titulares habituales al Nou Camp, interpretó al instante que el Sporting de Gijón tiraba el partido a la basura.

Tampoco es que las declaraciones de Preciado de antes y después del partido ("no sé qué más hacer aquí y mira que me rompo la cabeza") fueran como para salir a por todas al campo o supusieran un grito de guerra apache por parte del técnico cántabro sino más bien todo lo contrario: un sinvivir, una lenta agonía, cierto malditismo, mucho negativismo y algo de rendición previa. Vamos, que los asturianos iban directamente al matadero y su entrenador estaba pensando más en el partido contra el Valencia en casa que en el del Barcelona fuera. Luego, sorpresas te da la vida, resulta que el Sporting perdió por la mínima contra los azulgrana, probablemente su mejor resultado allí en años, y sin embargo lo hizo por 2-0 en El Molinón: no le sirvió eso de nadar y guardar la ropa.

No interpreté que, cuando Mourinho dijo lo que dijo, dejara caer en absoluto que el Sporting iba a dejarse ganar. Por otro lado, está claro que, defendiendo sus propios intereses y dando por perdidos los 3 puntos, Preciado prefirió reservar a la mayoría de sus titulares para intentar sacar adelante el partido contra el Valencia. Eso fue exactamente lo que dijo Mourinho, defendiendo, por cierto, también sus propios intereses. Porque en vuestro negocio, querido Manolo, el compañerismo suele durar lo que un caramelo a la puerta de un colegio. De forma que, si Preciado coloca tan bajo el listón de las canalladas, habré de reconocer que, según esa medida, yo también soy un auténtico canalla. Y ahora que venga Pep Guardiola, el hombre que orina Coromandel de Chanel, a repartirnos a todos el incienso.

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