El penúltimo raulista vivo

¡Yo soy minero!

Este 28 de julio pasará a la historia por ser el día en que el Parlamento de Cataluña prohibió las corridas de toros a partir del 1 de enero de 2012 (unos votaron que sí, otros que no, y los menos no dijeron ni mu) y porque después de 16 años de éxitos Raúl dejó de vestir el color de su segundo apellido para pasar al azul de su equipo de la infancia, el San Cristóbal. No entiendo a los políticos; los partidos dan por un lado libertad a sus miembros para que voten "en conciencia" acerca de la eliminación de la fiesta nacional mientras que por el otro impiden esa misma libertad y cierran filas, bajo amenazas de sanción o eliminación de las listas que se avecinan, en lo que a la aprobación de la ampliación de la ley del aborto se refiere: debe ser que los padres de la patria dan por hecho que un toro bravo no puede defenderse pero un feto humano sí. Pues mejor huérfanos.

Dicen que el Schalke 04 es el equipo de los mineros. De hecho, ayer, durante la presentación de Raúl que vi enterita, dos mineros muy simpáticos le hicieron entrega al gran capitán madridista de un trozo de carbón. Yo también soy minero desde este preciso instante y, al igual que cantaba Antonio Molina, "templé mi corazón con pico y barrena". Me parece que la elección de su nuevo destino futbolístico es otro acierto del 7. En la Bundesliga respetan al jugador, más aún si se trata de uno con el historial y la fama del madridista, y no le zarandean como hacemos en España o Italia. El fútbol alemán es el que logra llevar más aficionados a sus estadios y la Liga de aquel país es de las pocas que no tiene pérdidas. Si, como es el caso, además hay un entrenador que te quiere, que ha insistido tenazmente en tu contratación y que ha rogado a los propietarios por tu fichaje, miel sobre hojuelas.

Al Raúl futbolista también le ha caracterizado eso de bajar cantando a la mina sin importarle jugar en uno u otro sitio, fajándose arriba y partiéndose el lomo por sus compañeros abajo. Parece lógica su elección, sí, aunque anoche Ginés Carvajal me confesó que hace menos de una semana, cuando aún no había nada firmado con el Schalke, hasta su oficina llegó una oferta de Roy Hodgson, el nuevo entrenador del Liverpool, para que fuera el compañero de Fernando Torres en el ataque de los reds. Pero la insistencia del club inglés, que también era mucha, llegó tarde, y Raúl se inclinó por quien mayor interés había mostrado desde el inicio en su contratación. Podía haber seguido en el Real Madrid, irse a los tres o cuatro equipos estadounidenses que le pusieron la alfombra roja o elegir la Premier, pero optó por bajar a la mina a barrenar con Felix Magath. Y es que a este toro bravo no hay Parlamento, de momento, que le impida seguir haciendo lo que más le gusta en el mundo, jugar al fútbol.

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