El penúltimo raulista vivo

Ya tenemos el retrato robot del pirómano

Brasil gana pero no convence, Holanda pasa aunque no brilla y España debuta con derrota. Arde el Mundial. No hay más que darse una vueltecita por la concentración de Dunga, o leer L'Equipe ("Va te fair enculer, sale fils de pute!") o echarle una ojeada a The Sun ("Never in the field of World Cup conflict has so little been offered by so few to so many...") para apreciar en su justa medida el grado de insatisfacción creciente que existe entre las aficiones, prensa, jugadores y seleccionadores de los equipos que partían como favoritos al inicio del campeonato. Francia acaba de mandar de regreso a casa a Anelka por insultar gravemente a Domenech, un seguidor eludió la seguridad de la FIFA y logró adentrarse en el vestuario inglés tras el empate de los chicos de Capello ante Nigeria, Rooney cargó contra sus aficionados y en Camerún se han rebelado contra Le Guen. ¡Raspa mamá!...

De entre todas las selecciones candidatas al título, sólo la Argentina de Diego Armando Maradona y la España de Vicente del Bosque parecen inalterables y plenamente conscientes de cual ha de ser su hoja de ruta, aunque a ambas las distingue un matiz importante: Argentina, que llegó al Mundial más caliente que el cenicero de un bingo, ha ganado hasta la fecha los dos partidos que ha disputado y eso ha producido idéntico efecto al que causaría un dardo tranquilizante en un león africano con hambre atrasada, mientras que España, que firmó una fase de clasificación modélica y protagonizó un fútbol elogiado absolutamente por todos, se ha estrellado sorprendentemente contra Suiza. Maradona y Del Bosque, que para eso fueron cocineros antes que frailes, se han granjeado la confianza de sus jugadores, aunque el argentino lo haya hecho sin un esquema claro y dejando turulato a todo un país, y el español lo haya logrado con un estilo definido, una idea con la que los jugadores no quieren mercadear y por la que están dispuestos a morir deportivamente.

Desde los tiempos en que Pirri y Asensi decidieron liarse la manta a la cabeza en La Martona, la selección española de fútbol ha sido esencialmente guerracivilista. Clemente contra la prensa, Luis contra Raúl y todos contra Suárez, Miera y Santamaría. Creo que el control que Maradona ejerce sobre su entorno depende única y exclusivamente de los resultados, pero el de Del Bosque (y ahí están las declaraciones de Torres, Piqué, Albiol o Xabi Alonso) está forjado por la credibilidad del seleccionador, la que se ha ganado a pulso con su actitud y con sus actuaciones. Está claro que, tras el 1-0 del otro día, han querido probar a Vicente y éste ha respondido con su equilibrio, sensatez y conocimiento habituales. Pierde clarísimamente el tiempo quien quiera volverle loco o pretenda despistarle. La concentración, mal que les pese a algunos, es una balsa de aceite... incluso perdiendo. Y después de las victorias del lunes y del viernes será una auténtica fiesta. Arde el Mundial a nuestro alrededor. Pero España parte con dos claras ventajas: nosotros pusimos alarma y ya tenemos en nuestro poder el retrato robot del pirómano.
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