El penúltimo raulista vivo

Y sin embargo se mueve

Resulta que por exponer "una obviedad" (Pep Guardiola dixit) a Aitor Karanka se le ha sometido a un juicio periodístico bochornoso, similar en cualquier caso al que la Santa Inquisición puso en danza contra Galileo Galilei por razonar la teoría heliocéntrica. La verdad es que se nos ha repiqueteado insistentemente con la misma frase (a mí también me llegó el sonido del tam-tam), esa de que "la Liga española existirá sin Guardiola", obviando adrede que el segundo entrenador del Real Madrid añade a continuación exactamente lo que sigue: "la Liga está con Guardiola, sin Guardiola; con Karanka, sin Karanka; con Mourinho y sin Mourinho". Quiero decir que si, como sostienen algunos, Karanka está despreciando o no elogiando suficientemente la figura del entrenador del Barcelona, también se está despreciando a sí mismo y a su jefe. Pero el problema, claro, no es ese, ni el objetivo Karanka; el problema es Mourinho, del que Alfredo Relaño esperaba más que el título de Liga en su segunda temporada.

También ha sido muy comentado, y yo no puedo ni debo pasarlo por alto, el homenaje del Schalke 04 a Raúl. Creo (sólo creo puesto que en estos días de tinieblas ya no hay nada claro y todo se puede poner en tela de juicio) no ser demasiado dudoso al respecto del 7. Lloré viéndole a él llorar y me pareció una fiesta fantástica y merecida, la que aún no le han tributado aquí ni el Real Madrid... ni, por cierto, tampoco la selección española de fútbol, que no puede irse de rositas en este asunto. A mí también me pareció frío y desangelado el acto celebrado en su día en el estadio Santiago Bernabéu para despedir a su gran capitán, y prefiero pensar que la fecha (27 de julio) no ayudó a que la fiesta fuera completa, y que Florentino Pérez le homenajeará como es debido en el futuro. Pero el problema, claro, no es tampoco ese, ni el objetivo un homenaje; el problema es el Real Madrid como institución, un triple salto mortal dialéctico con tirabuzón final cuyo culmen argumental consiste en demostrar que el club blanco maltrata a sus estrellas.

En cuanto al bailecito de marras entre Thiago y Alves para celebrar el chaparrón de goles que le cayó encima anoche al Rayo Vallecano, no hay nada nuevo que comentar bajo el sol (o bajo la lluvia) sobre el comportamiento del defensa brasileño. Bueno, sí hay algo que querría añadir: tal y como se ha dicho también en todos sitios, Puyol estuvo en capitán, tiró de galones y en cuanto se dio cuenta del espectáculo disolvió la pachanguita; creo recordar, sin embargo, que el Real Madrid tambien ha sido víctima propiciatoria del claqué de este Travolta de Bahía, y que cuando la fiesta se montó en el estadio Santiago Bernabéu no corrió tanto Puyol para pararla. Comprensible, en cualquier caso, puesto que entonces se trataba del máximo rival deportivo de los culés. No haré casus belli de ello por supuesto, aunque a Karanka ya se la haya fusilado al amanecer por algo mucho menos ofensivo, "una obviedad" según el propio Guardiola. Aunque, antes de caer, dejara escrito eso de "y sin embargo se mueve".

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