El penúltimo raulista vivo

Y que sueñen ustedes con Iniesta

No sé cómo empezar. Ya se me irá ocurriendo algo por el camino. Por ejemplo: si yo fuera Lineker sacaría a la calle una edición corregida de mi frase más famosa, aquel adagio universal según el cual "el fútbol es un deporte que juegan once contra once y que gana Alemania". Aunque algo excesivos en el elogio puesto que a la vista está que Inglaterra y Argentina no son ni por el forro esta España, decían que el actual equipo alemán había crecido mucho con respecto a la Eurocopa de 2008 y, casi a renglón seguido, se añadía que nuestra selección había menguado con respecto a aquel torneo histórico y aquella final única. Mentira. Falso de toda falsedad. Puede que Alemania sea muy superior a casi todos, con la clara excepción de España que es, y a las pruebas me remito, el equipo que mejor juega con clarísima diferencia.

El mejor partido español llegó en el momento decisivo. La selección tuvo el balón desde el minuto uno hasta que marcó Puyol, y únicamente entonces, y más debido al pundonor y al coraje que a otra cosa, Alemania tocó a rebato y embotelló a España; ahí tuvimos el 2-0, pero no llegó. Pero, insisto una vez más, el balón fue siempre nuestro, triangulando, presionando arriba, con anticipación, jugando entre líneas como los mismísimos ángeles, cortándole la respiración a Alemania, aburriendo al equipo dirigido por el señor Löw. Porque seguro que la intención de este caballero que tiene toda la pinta de no haber mentido en toda su vida era jugar al ataque contra España, pero Del Bosque (que debió romperle todos los esquemas dando entrada a don Pedro) también tenía claro que nos encontrábamos ante una cita histórica que había que aprovechar.

España se lo ha merecido porque ha hecho un fútbol maravilloso. Tenemos a la vuelta de la esquina la final que llevábamos esperando toda la vida. La tricampeona del mundo, la temible Alemania, el equipo que dio (justo) origen a aquella frase simpática de Lineker, fue un juguete en manos de los Iniesta, Ramos, Puyol, Xavi, Xabi, Piqué, Villa y compañía. Habría sido injusto que el gol alemán hubiera llegado al final porque estos chavales se lo han merecido desde el primer hasta el último minuto. Es un orgullo y una felicidad infinita ver a mi equipo luciendo como lo ha hecho hoy, y tengo por otro lado la pena de no poder ir abrazándoles uno a uno para darles las gracias. El domingo, Holanda. Otro día histórico. A la final por la puerta más grande posible. Enhorabuena a todos, buenas noches y que sueñen ustedes con los angelitos; yo lo haré con Andrés Iniesta.

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