El penúltimo raulista vivo

Y la vida seguirá igual, tralarí, tralará

Tengo que reconocer que, cuando esta mañana me he topado con el scoop de El Mundo, lo primero en lo que he pensado ha sido cómo se desmentiría a sí mismo Jesuli. Y he de admitir que el autodesmentido ha sido glorioso puesto que el ex jugador del Tenerife califica de "inciertas dichas manifestaciones, por cuanto se han sustraído de una conversación privada entre Jesús Antonio Mora Nieto e Iñaki Badiola sin el consentimiento del primero para tal grabación o reproducción". El problema de Jesuli radica en haberse fiado de alguien de quien no tenía que haberlo hecho, pero no acierto a comprender -por mucho que haya sido la apresurada reacción de su abogado- en qué afecta que la conversación haya sido pública o haya sido privada o que el presidente de la Real Sociedad no contara con el beneplácito del jugador para grabarla, primero, y reproducirla, más tarde, a la esencia misma de la denuncia efectuada y cuyo contenido, por cierto, está más clarito que el agua.

He oído de todo a lo largo de la tarde. He oído a Jorge Carretero afirmar que el posible amaño ya fue desestimado en su momento sin añadir ni por qué ni por qué no sino simplemente que se desestimó y punto. He oído a José Luis Astiazarán (¡sigue al frente de la Liga!) anunciar a bombo y platillo la petición de la puesta en marcha de una ley anti fraude similar a la que, al parecer, ya existe en un fútbol tan tocado del ala como el italiano. He oído a Lorenzo Sanz insultando a Badiola y llamándole cáncer, y al hijo de éste recomendándole que se vaya a la casa del espía. He oído a Juanma, el defensa del Tenerife que provocó el penalti de aquel partido, negando la mayor. Y por fin acabo de leer que Badiola acusa a Lorenzo y Fernando Sanz, quien por cierto anunció una querella contra Jesuli si éste no se retractaba, de ser unos facinerosos y unos tramposos. Por oír, incluso he oído que esta práctica es tan vieja como el fútbol e incluso que Jesuli, que no jugó aquel encuentro por estar lesionado pero que, según sus propias palabras, cogió el dinero por no quemarlo, no se vendió.

Pese al autodesmentido, tan previsible como las ruedas de prensa de Schuster, aquí hay chicha y también hay limoná, otra cosa bien distinta es el interés que tengan los organismos deportivos, empezando por la propia federación, en seguir la madeja de un escándalo de la temporada pasada y que afectó a equipos de la Segunda División. Si me piden mi opinión diré que creo que Jesuli dice la verdad y se sincera cuando se cree a salvo y piensa que está con alguien en quien puede confiar, y que luego miente cuando se da cuenta de que se puede liar la Tercera Guerra Mundial. Si la federación, por boca de su mismísimo portavoz, ha aparecido relajadísima nada más conocer la noticia de El Mundo, ni les cuento cual será su estado al saber que, tal y como estaba previsto en el guión y con abogado mediante, Jesuli se ha desmentido a sí mismo. Badiola, como suele ser habitual, quedará como un metomentodo, y Jesuli como un chivato. Y la vida seguirá igual, tralarí, tralará... 

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