El penúltimo raulista vivo

Y, de repente, la fe de Keylor ya no mueve montañas

Los futbolistas de élite son fundamentalmente egoístas y caprichosos y eso es así porque nosotros los hemos convertido en lo que son, o sea en unos seres egoístas y caprichosos. Son unos individuos egoístas y caprichosos porque, de un modo totalmente fundado, creen que el deporte rey gira a su alrededor, pero si lo creen es porque nosotros hemos permitido que el fútbol gire efectivamente a su alrededor. Otro de los males que acechan a los futbolistas son los representantes, gentes habitualmente sin formación alguna, nacidos al olor del dinero fácil y fresco y que forman parte de ese lamentable engranaje que ha convertido al fútbol del siglo XXI en lo que es, un negocio por encima de un deporte. E incluso te puede sorprender con su soberbia el futbolista más normal, el que tiene un perfil más bajo, el más simpático de todos, y me refiero a Keylor Navas.

Marca informa hoy de que, estando como estamos a 22 de agosto, a Keylor se le ha ocurrido que es una buena idea plantearle al Real Madrid que se quiere marchar. El costarricense, un tipo muy agradable y muy religioso, se ha dado cuenta de repente que el primer portero de Zinedine Zidane va a ser Courtois, pero resulta que dicha información ya obraba en su poder al poco de regresar el entrenador francés; como Keylor confiaba en sí mismo, en sus posibilidades para competir y, además, tiene una fe imbatible, insistió una y mil veces en que él se quería quedar y, como ningún club estaba dispuesto a pagarle lo que cobra en el Madrid, en el Real empezó a verse con buenos ojos que el equipo tuviera dos porteros tan buenos. Por ello, y ante la insistencia de Keylor, dejó irse primero a Luca y después a Lunin, que estaba llamado en principio a ser el suplente de Courtois. Y ahora, con Zidane junior y Lunin cedidos, recién arrancado el campeonato liguero del que únicamente se ha disputado una jornada, Keylor se da cuenta de que su fe ya no mueve montañas y de que no le gusta ser suplente, que es lo que le dijeron hace meses que iba a ser: s-u-p-l-e-n-t-e.

Lo tengo claro: salvo que Keylor vaya a entrar en una posible operación de traspaso de Neymar, yo no le dejaba irse por nada del mundo. Cuando dices estas cosas, cuando dices que la mera sugerencia por parte de Keylor o de su representante de que se quiere ir cuando al club le queda un margen de maniobra muy reducido, te acusan de faltarle al respeto al tico, que ha ganado tres Champions y que ha tenido unas actuaciones soberbias... alternadas con tiempos de zozobra bajo los tres palos. Pero es que a Keylor, fichado del Levante por 10 millones de euros y renovado hace menos de un año hasta 2021 cuando acababa de cumplir 32, el Real Madrid le ha convertido en lo que es actualmente, un portero que cobra 5 millones de euros netos que, por supuesto, absolutamente nadie quiere pagar. ¿Quién falta al respeto a Keylor?... Yo no, desde luego. Tiene mi agradecimiento eterno por sus buenas actuaciones en la portería del Madrid, fue de hecho esa habilidad suya para sacar balones de entre los tres palitos la que le llevó a ser titular en el mejor club deportivo de la historia.

De haber sido un portero fallón, de habérselas tragado dobladas, Keylor sencillamente no hubiera durado en esa portería ni medio segundo. Keylor hizo su trabajo, que consistía en pararlas, y Zidane hizo el suyo impidiendo la llegada de Kepa para no alterar el puñetero ecosistema y ahora ha vuelto a hacerlo otra vez diciéndole a Keylor la verdad, que Courtois es mejor que él y que el belga será titular. Es curioso: cuando Zizou abortó la llegada al Madrid de un porterazo con tantísimo futuro como Kepa (fichó por el Chelsea por 80 millones de euros) nadie habló de la presión ejercida por Florentino Pérez, ahora que a Keylor le toca el lado amargo la culpa es del presidente. Insisto: si a Keylor se le puede endosar al PSG como parte del hipotético pago por Neymar, adelante con los faroles, se busca un portero veterano que esté dispuesto a ser suplente y se acabó. De lo contrario, al banquillo y a luchar, que es lo que dijo que estaba dispuesto a hacer cuando el entrenador le informó de lo que iba a suceder, o sea de que iba a ser... ¡s-u-p-l-e-n-t-e!

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