El penúltimo raulista vivo

Y Blatter como la vaca que ve pasar el tren

El lunes por la noche, al poco de conocerse la muerte de Alfredo di Stéfano, en la tertulia que, al objeto de homenajear como es debido al presidente de honor del club blanco, se organizó en Real Madrid TV, mi compañero Ulises Sánchez Flor comentó que estaba por verse que en el Brasil-Alemania que se iba a jugar 24 horas más tarde se guardara un minuto de silencio en honor del futbolista más grande de todos los tiempos. Yo, sorprendido, atónito, le respondí: "Si yo fuera Blatter, que no lo soy gracias a Dios, me ofendería tu duda", y Enrique Ortego, probablemente el mayor distefanólogo del mundo, sentenció: "Tenéis razón los dos: yo tampoco tengo claro que vaya a guardarse un minuto de silencio y sería vergonzoso que no se hiciera". Al final no hubo minuto de silencio.

Pero la FIFA, como la UEFA, siempre tiene una salida, una coartada, un plan de fuga. La explicación para que no se guardase ese respetuoso minuto de silencio en honor del futbolista más grande de la historia aprovechando precisamente la disputa de un Mundial ha sido que ni Alemania ni Brasil lo han pedido. Mal por Alemania y por Brasil, desde luego, pero peor por Blatter, que podría haber hecho lo que quisiera y no lo hizo. Ahora dicen que habrá que esperar al Argentina-Holanda o quién sabe si a la final del domingo, pero ya nada será igual. "Ocasión perdida no vuelve más en la vida", dice el refrán, y en FIFA han perdido la gran ocasión de estar por una vez a la altura del mito que nos abandonó el lunes a primera hora de la tarde.

Habría sido muy bonito que precisamente en una Copa del Mundo, un torneo que por lesiones o problemas burocráticos jamás pudo disputar, el máximo organismo del fútbol mundial hubiera roto la norma para tributarle un último adiós don Alfredo, pero Blatter ni supo ni quiso estar a la altura de un momento histórico y, como dice mi amigo Luis Ángel Duque, vio los acontecimientos como la vaca que ve pasar el tren. No hubo homenaje de la FIFA pero, aún a estas horas y mientras escribo este artículo, la gente del Madrid, su gente, la gente que verdaderamente importa, sigue guardando respetuosamente cola ante su féretro situado en el estadio Santiago Bernabéu para decirle adiós. Y Blatter, mientras tanto, como la vaca que ve pasar el tren.

PD: ¡Se me olvidaba lo de Brasil!... La FIFA no ha podido mostrarse más colaboracionista con el equipo local pero cuando no hay fútbol no hay fútbol. Las semifinales para los de Scolari son un premio incluso excesivo a mi entender. Blatter se la puso a Brasil como dicen que se las ponían a Fernando VII cuando jugaban al billar contra él. No se podía hacer desde los despachos más de lo que se hizo y, viendo la jugada, los alemanes interpretaron correctamente que la única forma de quitarse de encima a Brasil era barriéndola del campo como así sucedió. Y al final el Mundial de Neymar (ruido excesivo y nueces en mal estado) acabará siendo el de Khedira a la chita callando.

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