El penúltimo raulista vivo

Y, ahora, llamadle pedo también a Zidane

Mi amigo Alfredo Relaño llamaba en su artículo de ayer "pedo" a Rafa Benítez, así, directamente, sin anestesia: "Florentino tenía una presión en el intestino y ya se la ha quitado". Vamos, que Florentino se tiró un pedo con la cara de Rafa Benítez mientras se dirigía a su despacho sito en el estadio Santiago Bernabéu. Así, a primera vista, una de las indudables ventajas que Zinedine Zidane tendrá sobre Rafa es que a ningún periodista, ni siquiera al director del diario As, se le ocurrirá jamás llamarle "flatulencia" o "ventosidad". Cuánto dure el armisticio con el nuevo entrenador de la primera plantilla del Real Madrid, cuánto tiempo tarden en insultarle a él o a sus familiares más próximos, cuántos días, semanas o meses transcurran antes de que a alguien se le ocurra llamarle "pedo" al gran Zizou, al héroe de La Novena, dependerá, como siempre, de los resultados que obtenga, pero es cierto que el impacto que a buen seguro provocará en sus nuevos jugadores quien ha sido indiscutiblemente uno de los diez mejores futbolistas del último cuarto de siglo es extensible también, por ahora y mientras dure el efecto narcotizante, a los medios de comunicación, que, embobados, asisten al nombramiento del mito: "¡Oh là là, el gran Zidane!"...

Era ahora o nunca. O se despedía ayer a Benítez, también por cuestiones puramente económicas, o se esperaba al mes de junio, no había término medio. Como venimos repitiendo desde hace varios días en Libertad Digital, la clave era Mestalla y en Valencia Rafa no aprobó. Si mejoró la imagen del equipo fue únicamente porque el listón estaba muy bajo, demasiado para una plantilla integrada por algunos de los mejores futbolistas del mundo. Es un hecho que el Real Madrid no está jugando bien y al final, a la hora de tomar la decisión, que a Florentino Pérez le ha costado Dios y ayuda, pesó más que nada la sensación generalizada de que, por fas o por nefas, por un problema de incomunicación o por el simple hecho de que los futbolistas tienen siempre agarrada la sartén por el mango, esa tendencia no iba a cambiar milagrosamente de la noche a la mañana. Los futbolistas, los seres más egoístas del planeta Tierra, ya no tienen paraguas bajo el cual guarecerse de la lluvia: el "pedo" ya no está.

Zidane es una bendita incógnita porque, por mucho que me duela, estos 215 días de Benítez al frente del banquillo madridista han acabado por convertirse en una amarga confirmación. Además del cambio, que era imprescindible, con Zidane se gana también paz periodística porque a Zizou no le dirán lo que sí se han atrevido a decirle a Benítez. Claro que la apuesta por el Zidane entrenador es arriesgada, lo sabe el presidente del Real Madrid y lo conoce también el nuevo entrenador, pero es que el Real Madrid se encuentra inmerso en una situación de riesgo, a 4 puntos del Atlético de Madrid y a 2 del Barça, que pueden ser 5 si el equipo de Luis Enrique logra los tres puntos en El Molinón. Hubo quien, tanto dentro como fuera de ese vestuario, decidió un buen día que la ilusión que Rafa Benítez tenía desde que se puso a dirigir al Castilla B, la de entrenar algún día al mejor club de fútbol del siglo XX según la FIFA, a su equipo, se convirtiera en un amargo cáliz. Lo han logrado. Enhorabuena. Felicidades. Ahora, si tenéis oeufs, llamadle pedo también a él.

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