El penúltimo raulista vivo

Xavi Simons: horror en el ultramarinos

El caso Simons es paradigmático de la situación por la que atraviesa el fútbol actual, moderno desde el punto de vista tecnológico, un fútbol que "fabrica" unos jugadores muchísimo más preparados físicamente y, en líneas generales, también mejores técnicamente que los de los años 40 ó 50, un espectáculo capaz de congregar a milllones de personas alrededor del televisor pero, y no necesariamente fruto de todo lo anterior, desprovisto de las más elementales herramientas éticas. Puede que el fútbol sea producto del mundo que nos ha tocado vivir pero también puede que el fútbol tenga sus propias normas: muy reglado dentro, cada día más estructurado, más profesionalizado, pero primitivo fuera. El futbolista firma contratos que luego no tiene por qué cumplir y eso está bien visto y es aplaudido por los medios de comunicación y razonado por los propios aficionados: "es que ha hecho una temporada muy buena y tiene derecho a mejorar"...

Los clubes tratan muchas veces a sus futbolistas como mercancía barata, de usar y tirar, y de hecho los periodistas hablamos inconscientemente del 'mercado de verano' y del 'mercado de invierno', como si de una lonja se tratara. Los representantes son, en líneas generales, gente poco preparada y sin formación, tiburones a la caza y captura de nuevos talentos. De no haberlo frenado la FIFA con sus normas éticas, que a veces lleva hasta la injusta exageración, algunos indeseables seguirían yendo a África a por niños que juegan a la pelota en el patio de su casa con la vana esperanza de encontrar en ellos otro George Weah y, una vez comprobado que la mina de oro no era tal, dejándolos luego tirados como una colilla en Amsterdam, en Lisboa o en Madrid.Y otra derivada es que, para impedir que una estrella te saque los ojos, el hígado y el corazón, los clubes fichan cada vez jugadores más jóvenes, tan jovenes que están aún en edad de escolarizar. Sabedores de ello, los representantes, que huelen la sangre, acuden también cada vez más pronto al mercado de la carne infantil. Poco importa que el crío sea luego uno más o ni siquiera eso porque, entre tanto, ellos se llevan el diez por ciento de cien mil.

Y es justo en este punto cuando regreso al caso de Xavi Simons, el crío de 16 años y un millón y medio de seguidores en Instagram que acaba de ser fichado por el Paris Saint Germain. Existe en este fichaje un claro componente de venganza del jeque quien, a su vez, vio cómo el Barcelona le birlaba otro niño, Louie Barry, una perlita del West Bromwich Albion que llegó a pasar el reconocimiento médico con el equipo parisino pero que, a última hora, vistió de culé. A Simons no le ha dado tiempo a hacer nada salvo ir al peluquero para pedirle que imite el peinado de Valderrama, ni a emprender por supuesto nada ni probablemente a saber nada y, sin embargo, en sus redes sociales dice que ha llegado el momento de emprender una nueva aventura: si Hernán Cortés o Juan Sebastián Elcano levantaran la cabeza se volverían a morir del susto. No sería de extrañar que, recién cumplidos los dieciocho, a Simons le escribieran su autobiografía, por ejemplo Irene Lozano, que es una experta en la materia. El título bien podría ser Manual de Vivencias. ¿Por qué no?

El Barcelona le había ofrecido al pequeño Simons 130.000 euros al año pero el niño-adulto, el crío del millón de fans en las redes sociales, dijo "no", renunciando a un club de élite por otro cuyo proyecto no arranca, y no hay más que ver a Neymar o Mbappé tratando de huir de allí. Los medios de comunicación no somos ajenos al ruido. El PSG le arrebata al Barcelona a un criajo de dieciséis años que sólo Dios sabe si acabará siendo una estrella o el enésimo bluf y hablamos de "temblor", de "cataclismo", de "terror en el hipermecado" y de "horror en el ultramarinos". Y luego colgamos vídeos de goles del niño: "El golazo de la joven perla", "la filigrana del nuevo Maradona", "el regate del heredero de Pelé", "el sombrero del sucesor de Cristiano". Los niños lo ven, los padres de los niños se lo creen, los representantes lo saben vender y los clubes no ponen pie en pared a esta locura. Y, ¿por qué?... Muy sencillo: tienen pavor a que el nuevo Lionel Messi esté ya por ahí correteando y se les escape.

El drama viene después cuando resulta que la perla del Pacífico era simplemente un berberecho, que están muy buenos pero no te hacen rico. El drama viene después cuando la pepita de oro era arenilla del río. Y, con 25 años y sin estudios, la perla que no era perla, la pepita que no era pepita sino pepino acaba en un equipo de la Segunda División B, carente de formación y con las ilusiones que otros provocaron en él absolutamente frustradas. Ojalá no sea este el caso de Xavi Simons, por supuesto. Ojalá le vaya fenomenal y haga milmillonarios a sus papás y a Mino Raiola le meta más dinero en su cuenta corriente. Si, en su nueva etapa vital, al final acaba siendo un bluf, simplemente le tirarán a la basura y acudirán al nuevo mercado de verano. O de invierno. La estación del año dará igual, la locura será la misma y los buitres seguirán merodeando.

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