El penúltimo raulista vivo

Xavi: lecciones de democracia desde Qatar

Xavi Hernández Creus votó el otro día por correo vestido de amarillo, cuestión ésta que, según ha reconocido él mismo, no fue casual. Curioso tipo éste Hernández Creus, que fue internacional 141 veces con la selección nacional de España y que, a lo largo de todo este tiempo, no dijo ni mu sobre sus veleidades independentistas. Eso sí, fue colgar las botas y a Hernández Creus le entró, de repente, un ataque agudo de Puigdemontismo. 141 veces internacional con España no es cualquier cosa, no es moco de pavo. Quiero decir que Hernández Creus jugó 141 veces con España, se calzó 141 veces las botas de la selección, atendió disciplinado 141 veces las llamadas de los seleccionadores de turno, viajó 141 veces con el avión de la selección nacional española, se enfundó 141 veces la camiseta de España y, al día siguiente de dejarlo, decidió que España le robaba y que en España... hay presos políticos.

Y como en España que es una República Bananera, hay presos políticos y no se respetan los derechos humanos, es por lo que éste auténtico luchador por las libertades, éste titán de la pelea constitucional, éste Martin Luther King de Tarrasa, se ha marchado fuera para seguir dándonos a todos lecciones de democracia. Eso sí, entre lección de derecho constitucional y clase de Estructuras Políticas, Hernández Creus ingresa 10 millones de euros al año. Le pagan tanto, pese a tener ya 37 añazos, porque el país desde el que Hernández Creus ningunea a España y nos da a todos lecciones de cómo se respetan los derechos civiles es muy rico y tiene mucho petróleo. Este país se llama Qatar, y Hernández Creus juega en concreto en el Al Saad.

En Qatar, Hernández Creus sí puede disfrutar de los beneficios de la democracia porque él puede permitirse el lujo de vivir en una burbuja, aislado, y porque es rico en un país de millonarios. Menos del 10% de la población de Qatar, que tiene aproximadamente 2 millones de habitantes, es catarí. Hasta el punto de que Qatar se ha vuelto absolutamente dependiente de los migrantes, mano de obra barata y maltratada, casi esclavizada, en su mayoría procedente de Asia y de África. Cuando un migrante llega a Qatar su empleador le requisa el pasaporte y muchos trabajadores se quejan de que cobran tarde sus salarios de miseria, y eso cuando los cobran. No existe testimonio, ni oral ni escrito, del señor Hernández Creus acerca de las miserables condiciones laborales de los migrantes asiáticos y africanos que son explotados a diario en Qatar.

Tampoco deberemos perder el tiempo en buscar declaraciones de Hernández Creus a propósito de la particular visión quer de la libertad de expresión tienen en el país en el que está jugando al fútbol. En marzo del año pasado el emir de Qatar liberó al poeta Mohamed Al Ajami, que había sido condenado a 15 años de prisión por un delito consistente en escribir unos poemas críticos con la familia gobernante. El código penal de Catar prevé un máximo de cinco años de prisión por criticar al emir, pero Hernández Creus debe pensar eso (por cierto, tan español) de "ande yo caliente, métase en prisión a la gente". Llegados a este punto habrá quien se pregunte si Hernández Creus habrá movido un dedo, la uña de un dedo, la roña de la uña de un dedo, por los derechos de las mujeres de Qatar. Pues tampoco.

La Ley catarí sigue discriminando a la mujer: el contrato matrimonial es válido sólo cuando el hombre lo consuma... y dos testigos varones están presentes. Claro que, comparado con la perversa situación política española, el que una mujer no esté legalmente casada con su marido hasta que éste no consume el acto sexual delante de dos amigotes, a Hernández Creus le parecerá una filfa. El código penal de Qatar castiga la sodomía con tres años de prisión y, según informes de varios medios de comunicación, desde 2004 las autoridades han azotado a decenas de personas. Por otro lado, la ley de nacionalidad de Qatar no permite, a diferencia de los hombres, que las mujeres cataríes casadas con cónyuges que no sean de Catar transmitan su nacionalidad a sus hijos. No existe tampoco tratado o reflexión de Hernández Creus en Rac 1 a propósito de esto.

Es a este caballero, y a otros tantos como él, a los que hemos tenido que tragar a lo largo de estos últimos 40 años en nuestras diferentes selecciones deportivas. En el fondo lo sabíamos, sabíamos que eran unos traidores, pero cambiamos Mundiales o medallas a cambio de dignidad nacional. Ellos no han cambiado en absoluto, siguen siendo los mismos impresentables que siempre, los mismos cínicos que dan lecciones de moralidad y que, cuando salen de España, se dedican a enfangar la imagen de nuestro país. Los Guardiola o Xavi han estado siempre ahí pero hemos preferido ver los partidos de España con una pinza en la nariz y, a cambio, lograr la clasificación mundialista. Ahora no deberíamos extrañarnos de recibir ingratitud del que siempre fue ingrato, no deberíamos llevarnos las manos a la cabeza al ser traicionados por el traidor. En realidad no recibimos de ellos lo que nos hemos ganado a pulso sobre el terreno de juego.

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