El penúltimo raulista vivo

Wenger o cómo hacerse famoso a costa del Real Madrid

Hace tiempo que Arsene Wenger vive il dolce far niente, lo dulce de no hacer nada. No digo que Wenger sea un holgazán o no sepa de fútbol, no digo que no entrene, que no prepare físicamente a sus futbolistas, que no les explique cómo encarar tal o cual partido, pero sí que, con él sentado en ese banquillo desde el año 1996, la idea que se transmite hacia el exterior es la de que el Arsenal es un equipo-laboratorio, algo así como un buque escuela, un club que está pero que no está y al que no le preocupa demasiado no ganar, que es algo que sin embargo aterra al resto. Pero, y salvo por supuesto mejor opinión de Wenger al respecto, que seguro que la tendrá, el objetivo del fútbol profesional no es trascender ni tampoco dejar un legado a las generaciones futuras sino precisamente ganar, ganar, ganar y ganar, y volver a ganar, ganarlo todo y cuantas más veces mejor, ganar con voracidad. Wenger mira esto de ganar títulos con cierto desprecio y por encima del hombro, como si el hecho de ganar partidos fuera un poco burdo, como si ganar no estuviera realmente a su altura intelectual; en definitiva, Wenger, que es de un refinamiento que tira de espaldas, le ha encontrado cierto gusto a perder y lleva desde el siglo pasado insistiendo en esa peculiar teoría suya con el aún más peculiar apoyo incondicional de los propietarios del Arsenal. Ellos sabrán, por supuesto.

Es debido a esto precisamente que cuando el entrenador de fútbol más perdedor del último cuarto de siglo (dos Premier en los últimos veinte años adornan su historial) se refiere al club de fútbol más ganador de la historia se produce la inevitable colisión. Sí porque la idea de Wenger es, como decía antes, la de trascender, la de legar, mientras que la del Real Madrid es bastante más modesta y básicamente pretende ganar, y cuantos más títulos mejor, sin meterse con nadie. Wenger es, para que nos entendamos, un Valdano de Estrasburgo, un filósofo del "todo a 100", un hombre con una suerte que no se acaba puesto que, a diferencia del resto de mortales, él no está obligado a ofrecer resultados al final de su año profesional. Su pensamiento queda resumido en la siguiente frase: "Dejaré el Arsenal saneado y con una plantilla de futuro"... ¿Saneado para qué? ¿Para ganar la Community Shield? ¿Y futuro para quién?... Con Wenger el Arsenal, además de convertirse en un club perdedor, se ha transformado en una piscifactoría a la que van a pescar los grandes de Europa. El Arsenal es la cantera de otros.

Hay quien, cada cierto tiempo, desde el ostracismo o el olvido, tiene la necesidad de referirse, casi siempre negativamente, al Real Madrid, que tiene por norma no hablar o criticar a nadie. El último que le dio lecciones de moralidad y buenas costumbres y aconsejó cómo hacer las cosas al club blanco, Uli Hoeness, cumple en la actualidad una condena de tres años y medio en la cárcel por defraudar 27 millones de euros al fisco alemán. El Real Madrid, querido Arsene, no es "adicto a los titulares de prensa"; es más, al Real Madrid le gustaría enormemente poder pasar desapercibido como haces tú en el Arsenal; bien al contrario, la prensa es adicta al Real Madrid, que es noticia mundial gane, pierda o empate, le vayan bien las cosas o le vayan mal. Lo que no tiene el Real Madrid es lo que te sobra a ti, o sea todo el tiempo del mundo. Tú sí lo tienes y vives instalado en la burbuja de la relajación de aquel del que en realidad no se espera absolutamente nada, pero al Real Madrid se le escruta a cada paso, a cada movimiento y cada traspiés suyo se convierte en una tragedia mundial. Se trata de la grandeur, la majestuosidad, la magnificencia. En fin, no lo entenderías...

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