El penúltimo raulista vivo

Wenger dejó al Arsenal con nueve

Guardiola tiene razón: "el Arsenal no dio tres pases seguidos". Y Wenger también la tiene: "Busacca ha matado el partido". El Barcelona fue muy superior mientras el Arsenal tuvo once jugadores sobre el campo, y cuando dejaron con diez a su rival pasó a ser infinitamente superior. No todos los entrenadores del mundo tienen la capacidad de superar a un equipo futbolísticamente más completo y hacerlo, además, con un jugador menos: por eso Mourinho está en el Real Madrid y Wenger continúa en la Premier. Van Persie salió aceleradísimo, quién sabe si por tener aún cuentas pendientes de la final del Mundial, y su entrenador fue incapaz de hacerle reflexionar. Su tontuna de chutar a puerta cuando ya se había pitado fuera de juego no me parece suficiente para sacarle de una eliminatoria de Champions, pero el arbitraje está montado así.

Nadie sabe qué habría ocurrido en un once contra once. Puede que el Barcelona hubiera ganado por 6-0. O puede que hubiera caído eliminado. Pero es absolutamente normal y forma parte del show de todos los técnicos del mundo (de todos, no sólo de Mourinho) criticar el arbitraje cuando uno se siente perjudicado. Wenger, que ya habrá regresado a Londres en el mismo avión privado que iba a trasladar a Walcott hasta Barcelona, podrá agarrarse al clavo ardiendo de hablar de lo que pudo haber sido y no fue, del fútbol ficción que podría haber llevado a su equipo a disputar los cuartos de final de la máxima competición continental de clubes, pero lo cierto y verdad es que pasó el Barcelona y que lo hizo porque fue muy superior contra once e infinitamente superior contra diez.

Un capítulo especial se merece la presencia de Cesc Fábregas sobre el terreno de juego. Arsene Wenger debería reflexionar y dejarle fichar por el Barcelona cuando finalice la actual temporada. El chico ya ha dicho por activa y por pasiva que se quiere ir a su equipo de toda la vida, que no es el actual, y las pocas veces que le ha tocado jugar contra los suyos ha sido víctima de un agudo complejo de culpabilidad que le ha impedido ser él mismo. En el Nopu Camp, Cesc se siente como el chiquillo que acaba de romper de un pelotazo la cristalera del colegio y se ha dado a la fuga para no ser pillado in fraganti por el director. Fábregas lleva ocho años huyendo de sus demonios familiares, disimulando su auténtica realidad, imaginándose a él mismo jugando en ese equipo, y la verdad es que ya no lo soporta más. Busacca dejó con diez al Arsenal, pero, al alinear a Cesc, Wenger le dejó con nueve. Y así es imposible.

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