El penúltimo raulista vivo

Vuelven las oscuras golondrinas

¡Hay que ver cuánto daño le ha hecho al Barcelona el empate con el Espanyol!... Mauricio Pochettino descubrió un boquete en el casco del transatlántico y José Mourinho, que no tiene ni un pelo de tonto, tomó buena nota y se dedicó a ensancharlo en San Siro durante 70 minutos, justo el tiempo que les aguantaron las fuerzas a los Cambiasso, Milito, Eto´o y Sneijder. A buen seguro que Mou, que si insiste en que la eliminatoria sigue al cincuenta por ciento es porque piensa que el Inter ahora tiene ventaja, corregirá también ese cuarto de hora que puede resultar decisivo en el Camp Nou. Tengo para mí que, a pesar del sorpresón, el Barcelona sigue siendo el favorito número uno para disputar y ganar la final del estadio Santiago Bernabéu, pero el mérito indudable del equipo de Mourinho es que un Inter hecho a base de retales tiene contra las cuerdas al mejor Barcelona de toda la historia.

Por supuesto que, tal y como vaticiné en el artículo de ayer, era inevitable que si al Barcelona se le torcían ligerísimamente las cosas volvieran las oscuras golondrinas de la UEFA, el volcán, la España centralista de los chorizos, el viaje en autobús con la cinta pirata de Invictus (¿dónde está la SGAE cuando se la necesita?) y el temazo clásico por excelencia: el árbitro. Veinte años después de su muerte, el barcelonismo continúa dándole estopa al colegiado vasco Emilio Guruceta Muro por una jugada entre Velázquez y Rifé en el transcurso de un partido de la Copa del Generalísimo allá por los 70, de forma que ya puede ir preparando Olegario Benquerença a sus vástagos para la que se les viene encima porque serán sus herederos quienes tengan que soportar que los culés sigan atizándole a su padre por el penalti sobre Alves... que no fue: he visto repetida diez veces la jugada y el brasileño emula clarísimamente a Greg Louganis.

Con su táctica del sábado pasado Pochettino no sólo ha detectado un boquete en el juego culé sino que ha puesto también al descubierto que, pese a los títulos y el dominio aplastante, continúa siendo exactamente el mismo club acomplejado, victimista y melancólico de siempre. En la polémica con Xavi, (¡otra vez él!) Mourinho tiene toda la razón del mundo: si el presidente del Comité de Salvación del Buen Fútbol saca a colación el arbitraje (bueno, malo o regular, que eso resulta indiferente) del portugués, parece justo y equitativo que el técnico del Inter recuerde a Ovrebo. Piqué exige un árbitro justo para la vuelta, un enigmático Guardiola dice que ya sabían lo que iba a suceder y el periobarcelonismo habla de robos a punta de pistola, atracos a mano armada, VillaratosPlatinatos y Blatteratos, aunque luego lo realmente grave sea que un jugador se lleve la mano a la oreja. Aparte de la lección estratégica que le dio a Guardiola, Mourinho, que para algo conoce esa casa, dio en la clave al decir que el Barcelona no sabe perder. Tarde o temprano siempre acaban volviendo las oscuras golondrinas.
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