El penúltimo raulista vivo

Villa espera a Joseph Cotten

Los futbolistas tienen decididamente la sartén por el mango. Pongamos por caso a Franck Ribéry: el francés ha debido pensar que lo mejor para todos es que permanezca lesionado con carácter indefinido; desde el pasado 1 de julio, el día en que el Bayern de Munich volvió al trabajo, el jugador ya lleva encadenadas cuatro lesiones. Ayer alegó una bursitis (o sea, una inflamación de las bolsas sinoviales de las articulaciones) para retirarse del entrenamiento, pero todo el mundo sabe que la parte del cuerpo que en realidad tiene inflamada Ribéry está por encima de las rodillas, entre los dos muslos, por delante del periné. No se habla con el entrenador, un hombre de pocas y controvertidas palabras, y quiere largarse de Munich. Beckenbauer, que fue cocinero antes que fraile, es consciente de que la bursitis de Ribéry quedaría milagrosamente solucionada en cuanto saliera del aeropuerto de Barajas.

Otro que se las tiene tiesas con su equipo es Filipe Luis. El Barcelona le quiere a la manera de Laporta y por eso ha ofrecido por él 8 millones de euros. Augusto César Lendoiro, que lleva en el fútbol desde que Escocia e Inglaterra disputaron el primer partido oficial de selecciones un 30 de noviembre de 1872, piensa que 8 millones es poco cariño y que en esas condiciones el Deportivo no vende. Para presionar, el jugador, que participó con normalidad en la sesión de entrenamiento, decidió desaparecer misteriosamente de la fotografía oficial que se hicieron todos sus compañeros. Desconozco cómo se las gastará por Alemania el kaiser, pero Filipe se ha buscado un mal compañero de negociaciones: Lendoiro nació en Corcubión, en la Comarca de Finisterre, en plena Costa da Morte. En Galicia están acostumbrados a las desapariciones y apariciones súbitas, de forma que una fotografía no les va a asustar a estas alturas.

Lo de Villa es otra cosa. Mi compañero Alex Heras me contaba anoche que el padre del goleador valencianista estuvo a puntito de irrumpir en la reunión con Llorente y Tamargo. Y no me extraña. El suyo es un caso típico de "luz de gas": primero le dicen que está a la venta y que se busque la vida, luego le dicen que es intransferible y ahora, cuando el tren del Madrid ha parado en la estación de Benzema, piden 50 millones de euros. Lo que no sabe Llorente -o quizás sí lo sepa pero le da igual- es que está jugando con fuego porque, como decía antes, los futbolistas tienen la sartén por el mango. Nada de esto habría pasado si a Villa le hubieran dicho desde el principio que debía ajustarse escrupulosamente a lo firmado en su día, pero al chico, que para más señas es el segundo máximo goleador histórico de la selección nacional, le están haciendo lo que Charles Boyer a Ingrid Bergman en la película de George Cukor de 1944. En aquella ocasión apareció Joseph Cotten para arreglarlo todo. Con Villa veremos quién aparece...
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