El penúltimo raulista vivo

Viento en contra

Desde que nos eliminaran de una forma tan traumática en el pasado Mundial disputado en Alemania, ante un equipo de jubilados franceses que acababan de llegar del quinto Concurso de yenkas para no iniciados celebrado en el Gran Hotel Bali de Benidorm, y después del kafkiano carrusel de desmentidos ("ahora me quedo, ahora me voy, hoy cumplo mi palabra, mañana no la cumplo") protagonizado por Luis Aragonés, el viento, ese fenómeno meteorológico por el que se ha mostrado tan preocupado últimamente nuestro seleccionador, ha sido definitivamente contrario a los intereses de España. Y si a toda esta ventolera añadimos también los alisios que soplan con fuerza desde que Luis, en una inexplicable y aún no explicada decisión, decidiera prescindir de Raúl, un caballo ganador, será más sencillo deducir por qué nuestro rumbo hacia la Eurocopa se torció desde el primer día. Con la brújula enloquecida y las velas hechas jirones no sería de extrañar que, habiendo puesto rumbo hacia Austria, acabáramos cualquier día de estos en las casas colgantes de Cuenca.

El gol del santo Iniesta salvó los muebles del ridículo más espantoso, pero los 84 minutos anteriores y los siete posteriores nos hablan bien a las claras de un proyecto deportivo acabado, concluido, liquidado, finito. Es cierto que, como dijo Luis, estamos mejor que el viernes, pero es que el viernes estábamos realmente mal y el mérito de la mejoría dominical no es propio sino de nuestros amigos letones, que vencieron a los infatigables leñadores irlandeses, y del empate a cero entre suecos y daneses. Y es probable, y desde luego deseable, que al final consigamos clasificarnos para la Eurocopa; pero lo habremos hecho con un sufrimiento y desgaste excesivos y en un grupo que el mayor pesimista de la historia se atrevería a catalogar como mediocre y vulgar.

El guión dice que nos jugaremos la clasificación en el mes de noviembre, y en casa, ante Suecia, primero, e Irlanda, después. Pero si yo fuera Angel Villar, además de prever que hubiera stock de mástiles y banderas de España en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas y al margen de preparar el que será su sexto mandato consecutivo al frente de la federación, diseñaría un proyecto de futuro atractivo para la que es, sin lugar a dudas, la joya de la corona del deporte español. Una joya que, por unos u otros motivos, no logramos que brille desde que el actual presidente tomara posesión de su cargo allá por 1988, hace ya diecinueve años de aquello. Decía el filósofo que no hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige. Quizás nuestro viento sea contrario precisamente por eso.

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