El penúltimo raulista vivo

Víctor Valdés, el futbolista cierto

Cuando releo la noticia del fichaje de Álvaro Morata por el Chelsea y compruebo que sí, que efectivamente el club inglés pagó por él hace dos años 80 milones de euros de vellón, pienso que el mundo puede ser maravilloso y que España, y no Estados Unidos, es el auténtico país de las oportunidades. Y cuando echo la vista atrás y recuerdo a aquellos que comparaban a Morata con Karim Benzema sonrío para mis adentros e imagino que serán los mismos que decían que Luis Milla era mejor que Fernando Redondo o los que aseguraban que Zinedine Zidane ralentizaba el juego del Madrid. El papel lo resiste todo. Cuando, ahora, me entero de que el colchonero Morata asegura que existe el doble rasero con el Atlético de Madrid, pienso que el fútbol es mentira y que aquel crío que cuando pasaba cerca del estadio Santiago Bernabéu camino del entrenamiento le decía a su madre que él quería triunfar allí algún día, sencillamente estaba mintiendo. O mentía entonces, cuando tenía diez años, o miente ahora, cuando ya ha cumplido los veintisiete. O mentía siempre, quién sabe.

Decía antes que escuchando a Morata pienso que el fútbol es mentira pero quizás no me haya expresado bien. Vamos, seguro que no me he expresado bien y por ello pido perdón. La afición del fútbol es verdad, aunque es probable que, a estas alturas de la película, la afición ya sea lo único cierto que queda en un mundillo de cartón piedra. El juego también es cierto pero no lo son quienes lo practican. Miento: no lo son algunos de quienes lo practican, otros sí. Y para poner un ejemplo acudiré a un ex futbolista del Barcelona que me parece un tipo de verdad, genuino, distinto, complejo, puede incluso que problemático pero, al fin y al cabo, de verdad y, por lo tanto, cierto. Víctor Valdés, que acaba de irse por segunda vez y de nuevo a trompicones de su club de toda la vida, es cierto. Hace casi dos años Valdés anunció su retirada del mundo del fútbol y, entonces, recordamos que el portero que no quería serlo y al que no compensaron tantísimos años de sufrimiento por aquellos en los que le fue bien, reconoció que él odiaba la fama.

Puede que Valdés se equivocara la primera vez que decidió dejar el Barcelona, de hecho no le fue deportivamente mejor sino todo lo contrario, poco a poco se fue difuminando hasta que dejamos de hablar de él, que a lo mejor era lo que estaba buscando desde el principio, pero cuando decidió hacerlo lo hizo de verdad, era lo que él sentía en ese momento, aquello era sorprendente... pero cierto. Es probable que, en esta brevísima etapa suya como técnico del filial en el club azulgrana, Valdés haya sacado al exterior ese demonio de Tasmania que lleva dentro, pero el demonio también es cierto, es de verdad, no es fingido, no es un demonio de peluche. Lo mejor que puedo decir de Valdés es que me habría encantado que fuera el portero de mi equipo en vez de serlo del Barça. Y me habría gustado que Víctor fuera el portero del Real Madrid exactamente por lo mismo que me gustó que Juanito llevara la camiseta blanca: porque son ciertos y porque hoy, desafortunadamente, la certidumbre cotiza a la baja, y no sólo en el fútbol.

Oigo a Dani Katiuskas Ceballos decir nuevamente que está muy contento en el Arsenal, que hizo bien en irse y que en el Real Madrid no disfrutaba del fútbol y comprendo perfectamente por qué Zidane le alineó tan poco. A Dani, como a Morata, le pasó que entró en el Real Madrid pero el Real Madrid no entró en él. A veces pasa: futbolistas con muchísima clase que, por lo que sea, no acaban de comprender que el mejor club deportivo de la historia no tiene absolutamente nada que ver con nada que hayan vivido con anterioridad o que puedan experimentar en el futuro. Puede que Ceballos no sea de mentira, como probablemente sí le suceda a Álvaro, que yo creo que tiene un fondo recóndito de bulo, pero es de una inconsciencia que tira de espaldas, más que nada porque él, a diferencia del colchonero Morata, sigue perteneciendo al club blanco. Si es cierto que al fútbol se juega con la cabeza, este chaval no podrá triunfar jamás en el Real Madrid, creo yo.

No veo yo sin embargo al futbolista del Atlético de Madrid Marcos Llorente hablando mal del Real Madrid. Llorente también es de verdad, también es cierto. El silencio de Llorente supone una enmienda a la totalidad al desagradecimiento de quienes, habiéndose ido por ejemplo del Madrid, aprovechan la menor ocasión para desprestigiarlo directa o indirectamente. El silencio de Llorente es verdad, una verdad dolorosa, del mismo modo que duele comprobar cómo Marcos, que le costó 40 millones al Atleti, no cuenta para Simeone y cómo, a diferencia de Zidane, al que se apaleó en la plaza pública por idéntico motivo, el Cholo vuelve a salir indemne y limpio de polvo y paja de la refriega mediática. Pero quedémonos con la buena nueva: en un fútbol que es mentira aún quedan futbolistas de verdad, los que a veces nos dicen aquello que no queremos escuchar, los incómodos, los inadaptados, los rebeldes, los difíciles, los granos en el trasero. O sea que en un fútbol de mentira... aún nos queda Víctor Valdés. Gracias a Dios.

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