El penúltimo raulista vivo

Víctimas de la excelencia

Soy plenamente consciente de que estos son días de vino caro y rosas de té para el madridismo, pero, aún a riesgo de que pueda resultar un proceso doloroso, ha llegado el momento oportuno, con la primera vuelta finalizada y el año 2008 recién inaugurado, de hacer un balance (el definitivo llegará cuando acabe la temporada) de qué le ha aportado Bernd Schuster desde el banquillo al Real Madrid. Creo que Schuster ha demostrado, mejor que ningún otro entrenador de fútbol que yo recuerde, mucho mejor desde luego que Fabio Capello a quien podríamos considerar como uno de los apóstoles del resultadismo, que se pueden batir récords de puntos jugando miserablemente al fútbol. El Madrid aventaja en siete puntos a su inmediato perseguidor y ha conseguido quince victorias, circunstancia que no se daba desde la temporada 1960-61, cuando logró dieciséis. De continuar así la tendencia, a este Real habrá que hacerle una clasificación aparte o terminará saliéndose del mapa.

De puertas para fuera, Ramón Calderón lo tiene fácil puesto que lo del Madrid por la Liga española está siendo un auténtico paseo militar; otra cosa distinta es la lectura que la directiva merengue deba hacer de puertas para dentro. Sería hipócrita aplicarle ahora a Schuster, que va primero jugando mal, un baremo distinto al empleado con Capello, que ganó una Liga haciéndolo peor. Para justificar el despido del italiano, con el que me mostré más conforme que nadie, se esgrimió la idea de la "excelencia" y se explicó, yo creo que razonadamente, que al Real no cabía exigirle sólo títulos, por muy importantes que estos fueran y muy milagrosa que hubiera resultado su obtención, sino también un plus de fútbol divertido para el espectador. Al aceptar el ofrecimiento, Schuster asumía un reto muy complicado puesto que estaba obligado a ganar la Liga para igualar así lo conseguido por su antecesor en el cargo y, además, tenía que hacerlo jugando bien al fútbol, pero el caso es que estamos en el mes de enero y para poder distinguir el fútbol practicado por el equipo de Capello y el puesto en danza por el equipo de Schuster habría que comprarse un microscopio electrónico de barrido.

Lo cierto es que Schuster tiene sólo cinco meses por delante para demostrar que es capaz de conseguir que su equipo, además de ganar otra Liga más, puede garantizar el espectáculo prometido en julio. De no lograrlo, la papeleta entonces sería para Calderón que se quedaría sin excusas para respetar íntegramente el contrato que en su día firmó el alemán; Capello también tenía contrato y fue despedido por teléfono sencillamente porque el equipo aburría a las ovejas. Víctimas de la excelencia fueron, antes que Schuster, Heynckes, que ganó una Champions League, Hiddink, que ganó una Copa Intercontinental, o Del Bosque, que lo ganó casi todo y varias veces. El Madrid de Schuster, que es más barato en el banquillo pero más caro en el campo, sólo tiene más puntos que el del italiano a estas alturas de la competición, nada más. Por lo demás, las ovejas siguen muertas de aburrimiento.

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