El penúltimo raulista vivo

Veinticinco metritos de nada sobre el nivel del mar

Pongo pie y medio en Barajas y de inmediato recibo la buena nueva de que nuestros representantes en la Copa Davis se encuentran médicamente bien, fortotes y sanos, y que en el transcurso de las semifinales contra Estados Unidos no han sufrido cefaleas, náuseas, vómitos, falta de apetito, agotamiento físico o trastorno del sueño. Acabo de poner los dos y completo la información médica con la deportiva: resulta que los nuestros no sólo se encuentran bien de salud, que es lo que me tenía preocupado, sino que, superado el temible soroche, también se han pasado por la piedra a la primera potencia tenística mundial. Cabe la remota posibilidad de que los 655 metros sobre el nivel del mar de la ciudad de Madrid no resultaran al final tan fatales para la suerte del equipo de Vicario porque, parafraseando a Julio César, esta ya estuviera echada desde mucho tiempo antes de que empezara siquiera a construirse la pista en la plaza de Las Ventas. Buenos Aires (25 msnm) nos otorgará la tercera Ensaladera.

Sin embargo parece que la felicidad nunca puede ser completa. Cruzo el control de pasaportes (nada que ver, por cierto, con el del temible Ben Gurion, un tormento que provoca auténtica ansiedad entre quienes quieren entrar o salir de Tel Aviv) y me cuentan que Luis no se lleva bien con Del Bosque y que coincidieron en no sé qué acto y su saludo fue muy frío, gélido más bien. Supongo que Luis, que como Vicario, el del tenis, prometió que se iría y luego se quedó, en el fondo no le perdona a Del Bosque que aceptara el puesto de seleccionador nacional después del éxito de la Eurocopa, del mismo modo que Sáez, que prometió que se iría y, aunque le costó un pelín, al final recapacitó (o le recapacitaron) y cumplió fielmente su palabra, tampoco le perdonará a Aragonés que, nada más ocupar la silla vacía, dijera que lo que hacía falta en el fútbol español era una gran sentada y la unión de todos los pueblos de España. Aragonés afirmó el otro día que una de las claves del éxito de la selección en Austria fue que todo el mundo aceptó con agrado la suplencia: que se aplique ahora la receta de su propio cuento.

Sólo alguien como Luis Aragonés puede llevarse mal con Del Bosque porque con Vicente es francamente muy difícil discutir sobre nada, tampoco sobre fútbol. Fíjense cómo será la cosa que yo he llegado a pensar que si el nuevo seleccionador no ha llevado todavía a Raúl ha sido sólo para no ofender a su antecesor en el cargo. Raúl, por cierto, el genuino "7" de España, ha admitido para solaz de sus enemigos que cada día será más fácil verle sentado en el banquillo y eso que a él nunca le ha afectado el mal de altura como sí pasa con nuestros tenistas. Me monto en el taxi y leo en una revista que la Facultad de Psicología de la Universidad de Chicago ha demostrado que seguir los deportes por la tele y tener conversaciones sobre ellos mejora las habilidades y la comprensión del lenguaje. Llego a casa, enciendo por fin el ordenador y compruebo con gran satisfacción que este blog camina sólo y que constituye una prueba irrefutable de que los psicólogos americanos tienen toda la razón del mundo. Conversemos pues. Ya lo echaba de menos. 
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