El penúltimo raulista vivo

Valverde quiere más Aytekines

Escribes en Google "récord penaltis Barcelona" y te salen las siguientes noticias: "FC Barcelona, 746 días después le pitan un penalti en contra", "El nuevo récord de penaltis que acecha al FC Barcelona", "El cuento de los penaltis no pitados al Barça", "El increíble récord de partidos sin penaltis en contra del Barcelona", "El Barcelona iguala el récord histórico de penaltis a favor pitados en una Liga", "El Barcelona, con 19 penaltis a favor, establece un nuevo récord de la Liga", "Fútbol Club Barcelona: dos años sin penaltis en contra", y así podríamos seguir hasta el día del Juicio Final. Claro que el extraño caso de los penaltis no pitados en contra del Barcelona es justamente extraño porque sí los hubo. Durante más de dos Ligas, el Barcelona ha ido acumulando errores a favor que, cuando se trataba de sus rivales, y de modo muy especial del Real Madrid, se convertían en errores en contra. La hemeroteca está ahí para quien los quiera volver a consultar, y no creo que sea ni siquiera necesario bucear en ella porque son tantos y tan groseros que afloran nada más rascar un poco. Así que escuchar a alguien del Barcelona, ya sea directivo, entrenador o jugador, del error arbitral o de los penaltis es como escuchar a Alfonso Capone defendiendo la ley y el órden o a Xavi dando cursillos acelerados de democracia qatarí: no es creíble.

El problema pasado de los penaltis no pitados en contra del Barcelona y aún así existentes fue de todo el mundo menos del Barcelona, de todos sus rivales, que se vieron perjudicados. Y, especialmente, de aquellos que estaban en condiciones de competirle la Liga, o sea Real Madrid y Atlético de Madrid. Durante mucho tiempo el Barcelona ha jugado con el colchón arbitral que, en unos casos por unas cosas y en otros casos por otras, siempre ha estado mullidito para él. Aquellos puntos que el Barcelona no ganaba sobre el terreno de juego solía ganarlos gracias al colectivo arbitral. Ese plus, ese airbag, acaba generando adicción porque sabes que si Messi no resuelve lo hace el colegiado de turno. Hablaba ahora de dos años atrás pero resulta que ya en 2012, y hace de esto más de 7, Alfonso Godall, ex vicepresidente culé, reconoció sin pudor delante de las cámaras de La Sexta que con Laporta en la presidencia los árbitros ayudaban más al Barcelona.

Esto es algo que, ahora, ha venido a corregir el VAR. Es prácticamente imposible que al equipo arbitral que está en la sala de realización observando la señal de televisión y con acceso a la repetición de las jugadas se le escape un penalti. Y si el árbitro de campo no lo ve o no quiere verlo, el del VAR tiene la obligación de llamarle a capítulo. Si el penalti es claro y, aún revisándolo, el árbitro hace caso omiso, el escándalo es mundial. Y no está el horno para bollos mundiales. Decía antes que no es creíble que nadie del Barcelona hable de penaltis, pero menos aún lo es que lo haga uno de los hombres sensatos y serios que todavía quedan en ese club, como es el caso de Ernesto Valverde. Hoy Valverde ha erigido un monumento al cinismo al decir que no es normal que les hayan pitado tres penaltis en seis partidos. Claro, la bula arbitral genera adicción porque tienes un plus del que carecen tus adversarios. Pero por supuesto que es normal que al Barcelona o a cualquier otro equipo del mundo le piten tres, cuatro, cinco o seis penaltis en seis partidos. Es normal que se los piten... si los comete, como ha sido el caso del Barcelona. Lo que no es normal, y es lo que ha venido ocurriendo a lo largo de estos años, es que no te los piten habiéndolos cometido, que es precisamente a lo que se ha malacostumbrado el Barcelona.

La reacción de Valverde, que es cierto que ha venido edulcorada por el asunto de la endeblez defensiva de su equipo, sólo puede responder a una cosa y es el mal juego culé, que ya no consigue arreglar ni el mismísimo Leo Messi. Ese mal juego es de futbolistas, no de entrenador. Ese mal fútbol es responsabilidad de los pesos pesados del vestuario y no de Todibo, que no juega, o de Griezmann, a quien quieren responsabilizar ahora de todo. Pero aún así, aún siendo responsabilidad de los jugadores, Ernesto Valverde era un entrenador amortizado después de la debacle de Roma y otro muerto deportivamente y enterrado tras el ridículo de Anfield. Si se mantuvo a Valverde fue única y exclusivamente porque lo pidió el vestuario, y si lo pidió el vestuario fue porque Valverde resulta cómodo, un técnico maleable que jamás señala a nadie... salvo que sea árbitro y se le ocurra pitar un penalti que sí fue y no como en los últimos años. Más Aytekines, eso es lo que quiere el Txingurri. Más Aytekines y menos tecnología. Así sí se puede. Así sí se ha podido hasta ahora.

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