El penúltimo raulista vivo

Valientes

Yo, como Juanfran, también pensaba que Cristiano se estaba refiriendo a mí. Pero, más allá del chistecito fácil, lo que sí demuestran las declaraciones del jugador franquicia del Real Madrid es que a él no le van arredrar los gritos o los insultos de cuatro locos, que no piensa salir corriendo de aquí como desean íntimamente los enemigos del club blanco, que no preinscribirá a su hijo en ningún colegio de Lugano por mucho que enciendan la mecha en twitter o en faceboock y luego, cual pirómanos de la red, se vayan sin apagarla. A mí, más allá de que esté acertado o desacertado (que suele ser lo primero), me encanta Cristiano Ronaldo más o menos por las misma razones que José Mourinho: son valientes.

De todos aquellos que prefieran no mirar hacia otro lado es sabido que corren malos tiempos para la lírica y que los enemigos de España están tratando de desguazarla día a día, hora a hora, minuto a minuto. Nadie podrá quitarme de la cabeza que el desprecio hacia el Real Madrid, que tanto ha hecho y sigue haciendo en la actualidad por este país, forma parte, no sé si destacada o no, de esa táctica preconcebida y perfectísimamente diseñada de aniquilamiento de la nación española. Con todo esto quiero decir que hubo momentos más fáciles que los actuales para jugar como local en el estadio Santiago Bernabéu, y que en una situación como la actual hacen falta entrenadores y no peleles, futbolistas y no saltimbanquis, directivos y no feriantes. Cristiano Ronaldo, como ha pasado tantísimas veces con Mourinho, demuestra un día sí y otro también con sus declaraciones y por supuesto con su juego (siempre vertical, siempre directo, pidiéndola, encarando, arriesgando...) que él ha venido a quedarse, que él no se irá, que nadie le va a echar sin su consentimiento.

Por cierto que Platini sigue sin dimitir después de sus lamentables declaraciones acerca de Leo Messi y su calculada permisividad con Ronaldo. Al gabacho, enemigo declarado del Real y de todo lo que huela a Florentino Pérez, habrá que empezar a laminarle desde ya si es que se pretende descabalgarle en 2015; hasta entonces, el Madrid deberá cohabitar con Miguelito, que ya se encargará de trufar el camino hacia la décima con arbitrajes tan sibilinos como el del otro día en Zagreb. Aquí, mientras tanto, un jugador del Levante con pasado culé amenaza con recibir a palos a uno de los dos o tres mejores jugadores del mundo sin que la autoridad, que debería ser Villar, diga nada de nada; sin embargo lo grave es que Cristiano diga que le tienen envidia: tres partidos de sanción para él por decir la puritita verdad.

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