El penúltimo raulista vivo

Vago, jamás

Era la tarde del 29 de octubre del año 1994 cuando Raúl González Blanco, un chavalito del filial, empezó a correr para el Real Madrid y por España. Han pasado trece años desde el día de su debut y sigue haciéndolo, sigue corriendo como si fuera un auténtico descosido. Corre tanto el "7" –hacia adelante, hacia atrás, hacia la izquierda, hacia la derecha, lesionado, en perfectas condiciones físicas, infiltrado, en ataque, en defensa, como segundo delantero y como primero, como lateral y como interior, allá donde le digan– que, al final, parecerá que Raúl sólo sabe hacer eso, correr, correr y seguir corriendo, como lo hacía el correcaminos ("bip-bip") en cuanto veía asomar tras los riscos la cabeza de su archienemigo el coyote. Pero no es justa esa fama de Forrest Gump que le adjudican a Raúl. Si fuera un tronco no estaría donde está.

El Madrid gana treinta Ligas y Raúl cumple treinta años. Dicen que el mítico Puskas se cruzó una vez con el capitán por el estadio Santiago Bernabéu y le dijo que su mayor error consistía precisamente en correr tanto, que era una estrella y que eran los demás quienes tenían que correr para él. Ferenc Puskas, uno de los mitos del madridismo, uno de los emblemas merengues, santo y seña del Real, probablemente el futbolista extranjero más importante del club junto a Alfredo di Stéfano, le estaba pidiendo a Raúl que fuera un poquito más egoísta, así de sencillo. Porque si algo ha perdido a Raúl ha sido, sin lugar a dudas, su actitud generosa con respecto a sus compañeros.

Seguro que habrá en el mundo otro futbolista que, con treinta años recién cumplidos, haya jugado ya más de 709 partidos con su club y su selección nacional, haya marcado más de 313 goles, haya obtenido más de 14 títulos importantes, haya sido más de dos veces máximo goleador de la Liga de su país y, a pesar de todas las gestas anteriormente expuestas, siga corriendo como alma que lleva el diablo. Harold MacMillan solía decir que deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá. Incluso los mayores detractores de Raúl tendrán que coincidir conmigo en que Raúl podrá estar más o menos afortunado, mejor o peor, pero jamás se recostó en la cheslon. Antipático, puede; vago, jamás. David Beckham, que ya pasó antes por algún que otro vestuario importante, se marchó de España deshaciéndose en elogios hacia él. Aunque ya saldrá alguien diciendo que lo hizo por si acaso Alexi Lalas se lo lleva en el futuro a Los Ángeles. Es el eterno cantar... Mitos para dar y tomar, pero vago, jamás.

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