El penúltimo raulista vivo

Una selección sin nación

España siempre ha sido más de clubes que de selección. Alguna vez he contado la anécdota del homenaje a José Martínez Pirri en el estadio Santiago Bernabéu; el partido enfrentaba al equipo merengue con España (aún no se la conocía como La Roja) y hubo un momento en el que los aficionados se arrancaron con gritos de "¡Hala Madrid, hala Madrid, hala Madrid!"... Empero eso no impidió que siempre que la selección nacional disputaba Mundiales o Eurocopas la gente apoyara a bloque a su equipo, el de todos. Existía cierto consenso a la hora de aparcar las tensiones, que siempre ha habido y habrá, entre Real Madrid y Barcelona en aras de un interés general superior representado por el equipo nacional. Nacional, sí, adjetivo que según la Real Academia Española significa "perteneciente o relativo a una nación y natural de ella, en contraposición a extranjero".

Lamentablemente de un tiempo a esta parte ese sentimiento se ha ido diluyendo como lo haría un azucarillo en un vaso de agua. Mi pregunta: ¿Acaso es posible una selección nacional sin una nación que la sustente?... Sé que plantear este asunto, y más aún hoy cuando faltan menos de veinticuatro horas para que arranque un Brasil-España en Maracaná, es complicado e impopular pero mi experiencia personal desde que arrancó esta Copa Confederaciones es la de personas acercándose para chivarme al oído que cada vez tienen menos empatía con su selección. ¿Por qué? ¿Es suya la culpa? ¿O es una culpa compartida?... El sentimiento es real, existe, otra cosa es que prefiramos silenciarlo. ¿A qué es debido? ¿Hay españoles que se revuelven contra su selección porque sí? ¿Y por qué dicho sentimiento, que no me atrevería a cuantificar, se produce única y exclusivamente con el equipo de Del Bosque?...

Si es posible que a estas horas un sector del barcelonismo, posiblemente el más identificado con posiciones rupturistas, lleve ya un tiempo reescribiendo la historia y apoderándose lenta pero inexorablemente de los éxitos de España, como si el resto no contara, es precisamente debido a que nos encontramos ante el trágico escenario de una nación capitidisminuida e incapaz por lo tanto de sujetar por ejemplo los triunfos de nuestra selección por muy asombrosos que sean. Sin nación del día a día o, en el mejor de los casos, con una nación tocada del ala y que abjura de lo esencial mirando permanentemente hacia otro lado resulta cada vez una misión más complicada trasladar un sentimiento nacional a aspectos colaterales como por ejemplo el deportivo.

No ayuda, desde luego, el hecho de que jugadores del Barcelona como Xavi, Piqué o Cesc utilicen reiteradamente el paraguas de las concentraciones para arremeter contra el Real Madrid bajo el auspicio y el silencio cómplice del seleccionador. No ayuda que Grande refiera la conversación que mantuvo con un jugador culé a propósito de cómo debía jugar España. No ayuda que, viendo el lógico revuelo organizado alrededor de dicha confesión, el segundo de Del Bosque pida perdón a Xavi cuando a quien debería trasladar sus excusas es en cualquier caso a Alonso, principal damnificado. No ayuda que dicho jugador decida qué compañeros lanzan los penalties en la semifinal ante Italia. No ayuda, en fin, que el Barcelona, el club al que pertenecen la mayoría de nuestros internacionales, deciera ayer, un día antes del partido de Maracaná, ceder el Camp Nou para que 90.000 personas pidieran la independencia de Cataluña. Hoy se nos pide un esfuerzo amnésico desde las doce de la noche hasta las dos menos cuarto de la madrugada pero... ¿Cómo se hace para olvidar?

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