El penúltimo raulista vivo

Una presidencia a la defensiva

Siguiendo la Asamblea convenientemente troceada por Calderón TV, uno podría llegar a la errónea conclusión de que el mamporrero Schuster tenía razón y el presidente del Madrid era Rigoberta Menchú con el pelo cano y su vicepresidente económico la reencarnación de Adam Smith. Sin embargo, tras las horas más calientes que se recuerdan en una cita de estas características, las cuentas del ejercicio anterior fueron aprobadas por los pelos mientras que el presupuesto de la actual temporada fue salvado por la junta directiva de penalti injusto y en el último minuto. Calderón llegaba a esta reunión de socios madridistas con otra Liga bajo el brazo y con una lista de incumplimientos y decisiones estrafalarias tan extensa que resultaría imposible recogerla aquí por completo. ¿Qué demuestra lo sucedido esta mañana?... Muy sencillo: el madridismo está dividido y Ramón Calderón es un presidente a la defensiva.

Puede que Pedro Ferrándiz vea a los 442 socios que votaron en contra de las cuentas del año pasado y a los 517 que se opusieron al presupuesto de la actual temporada como unos inquietantes acosadores cuyo único deseo es no cejar en el empeño de derribar al precio que sea a Calderón, pero yo creo que son medio millar de valientes que lo único que quieren es darle una tregua al club de sus amores. Si sometiéramos la división del madridismo y el repliegue de Calderón a la prueba del carbono 14, el resultado sería el mismo en ambos casos: 2 de julio de 2006. Aquel día de infausto recuerdo para la imagen del Real Madrid, después de un proceso electoral que dejó a la altura del betún a los cinco candidatos, uno de ellos, Ramón Calderón, se impuso al resto y la limpieza de su victoria ha dejado tantas interrogantes por el camino que, aún hoy, cuando ya han transcurrido casi dos años y medio desde entonces, continúan apareciendo informaciones -la más reciente, el informe policial de El Mundo- que ponen en cuestión los métodos del actual presidente.

Garry Kasparov lo explica así en su libro Cómo la vida imita al ajedrez: " Cuando nos toca mover y creamos la acción en lugar de reaccionar, controlamos el rumbo de la partida. Nuestro oponente ha de reaccionar, lo cual significa que sus movimientos son más limitados y, por lo tanto, más predecibles". Desde la noche del 2 al 3 de julio de 2006, Calderón se sabe un presidente sin la suficiente legitimidad para ocupar ese puesto y, debido a ese complejo de inferioridad, ocupa la mayor parte de su tiempo en la tarea de reaccionar a los ataques que recibe y no a planificar el futuro del club. La presidencia de Calderón nació coja y acabará coja, eso no hay ya Ligas o Champions que lo remedien, y la solución tanto a la división del madridismo reflejada con acritud esta mañana como a su actitud pacata, en el sentido de insignificante, a la hora de ejercer su mandato, sólo se pueden solucionar con unas elecciones limpias y transparentes.

Posdata: Sería bueno que, pensando en futuras Asambleas y con objeto de evitarle situaciones incómodas que no ha generado él, sacaran de ahí al señor Di Stéfano. El es el presidente de honor, pero no recuerdo haberle oído prometer que fuera a fichar a Kaká; su única responsabilidad fue colaborar en la conquista de cinco Copas de Europa consecutivas y darle la vuelta a la historia del Real Madrid como si de un calcetín se tratara.
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