El penúltimo raulista vivo

Una cosa es lo de Drenthe y otra lo de Weligton

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa... ¿Está claro?... Pues si no está claro paso a aclararlo. Quiero decir que una cosa es la entrada de Drenthe, que en demasiadas ocasiones va sin frenos como le pasaba al tren de la película Pelham 123, y otra cosa es el pisotón medido, ajustado, consciente, diseñado y con evidente ánimo de hacer daño, que Weligton propinó a Messi cuando este se encontraba tirado en el suelo. Cualquiera que haya sudado un poquito la camiseta llegará sin esfuerzo a la conclusión de que la entrada a Marc Bertrán fue un lance del juego mientras que la protagonizada por Weligton fue un acto impropio de violencia gratuita. Pese al matiz, las dos jugadas habrían merecido la tarjeta roja directa pero quedaron impunes puesto que los árbitros y asistentes andarían, como casi siempre, en las cosas de la International Board. Pero los futbolistas, que escapan con demasiada facilidad al juicio de los colegiados, se ven sin embargo sometidos al de periodistas y aficionados durante el resto de la semana.
 
Supongo que habrá sido precisamente el miedo al resultado final de ese "juicio paralelo" el que habrá llevado a los actuales mandatarios del Real Madrid a obligar a Drenthe a pasearse por radios, periódicos y televisiones pidiendo perdón. "Perdón señor", "perdón señor", "perdón señor", "no lo volveré a hacer", "ya sé que tengo cierta fama de zumbadito pero he llamado a Bertrán y le he pedido perdón... señor". A Florentino Pérez sólo le faltó ponerle un piso al futbolista del Tenerife... ¿Por qué?... Me parece que F.P. tenía mala conciencia desde lo de Figo, su primer crack mediático, y César. Después de andar dos años renqueante y tras cuatro operaciones, César, quien además tenía un futuro deportivo esplendoroso por delante, decidió colgar las botas en vista de que la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda que le produjo el portugués le impedía volver por sus fueros.
 
El club, como ha pasado ahora con Drenthe, obligó a Figo a interesarse por César pero siempre quedó en el aire la amarga sensación de que su preocupación fue escasa. La estrella, el galáctico, el poderoso segaba de raíz la carrera de un chaval modesto y con proyección. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa... ¿Está claro?... Si no lo está lo aclaro: la entrada de Figo fue imprudente y suicida; el portugués decidió jugar a la ruleta rusa con una rodilla que no era suya y aún hoy, viendo la fotografía de aquella acción, se te ponen los pelos de punta. Pero, más de 4 años después, yo no podría afirmar que Figo realizó aquella entrada adrede y mucho menos que quisiera provocar daño a su rival. En el caso de Weligton sí puedo afirmarlo y, pese a todo, el jugador del Málaga no ha sido sometido al exhibicionismo de Drenthe. Entiendo que la imagen preocupe tanto a Florentino, pero estas iniciativas podrían llevar a alguien a pensar que son sólo los futbolistas del Real Madrid quienes entran duro al balón cuando no es así. ¡Qué difícil resulta la excelencia!... Anoche, en El Tirachinas, Abellán sugirió que, en el caso de que Drenthe escapara a la justicia arbitral como así parece que será, fuera el propio Real Madrid quien castigara a su jugador. Eso ya no sería excelencia sino masoquismo.
A continuación