El penúltimo raulista vivo

Una carabina entre Mourinho y Raúl

Nick Furia ha aparecido hoy por sorpresa en el acto de presentación de un libro dedicado al Capitán Madrid. José Mourinho, que va a ser cierto que no pierde el tiempo, quiso acompañar a Raúl en la presentación de El triunfo de los valores, la segunda biografía del futbolista merengue. La primera, de Luis Villarejo y Carlos Bonelli, salió a la venta en 1996 y, aunque los futbolistas viven muy deprisa, por aquel entonces sólo podía contar las experiencias de sus veinte añitos. Lleva 24 horas al frente del Real Madrid y el entrenador portugués ya ha tenido dos detallazos con Raúl. Acerca de la reunión que ambos mantuvieron ayer en Valdebebas se ha filtrado por un lado que Mourinho le pidió que fuera su nuevo Materazzi y los archienemigos del 7 ya han dicho por el otro que simplemente le comunicó que no contaba con él. Pero, tal y como yo lo veo, el gesto de hoy apuntala la primera teoría, la de que Mourinho quiere tener cerca a Raúl para empaparse de madridismo hasta las trancas.

Parece bastante lógico que todo lo que pase con Raúl a partir de este momento sea interpretado en clave de despedida o de merecido homenaje. Ya he dicho muchas veces que Raúl se ha ganado con creces el derecho a elegir el cómo, el cuándo, el porqué y el dónde toma su decisión de agotar el año que le queda de contrato y retirarse probablemente del fútbol en activo o, por el contrario, aceptar alguna de las ofertas que a buen seguro ya habrá recibido Ginés Carvajal. Ayer le preguntaron a Mourinho por el contenido de su charla con Raúl, y Mou, que al parecer era un central más bien endeble, despejó la cuestión a lo Goyo Benito diciendo que primero debía informar a la cadena de mando, citando expresamente a Florentino Pérez y a Jorge Valdano. Hoy Florentino le ha dado a Raúl las gracias "por los años que nos has dedicado", y al minuto siguiente se ha deducido que el presidente hablaba en pasado de Raúl porque Mourinho le había informado de que se quería marchar. Yo no lo veo así.

El único que está en la cabeza de Raúl es él mismo. Si yo estuviera en sus zapatos me quedaría, aceptaría el papel de cordón umbilical que Mourinho le está ofreciendo e intentaría absorber todos los conocimientos de un entrenador absolutamente genuino, creativo y particular, del mismo modo que Mourinho aprendió en su día todo lo que pudo de Bobby Robson y Van Gaal. Tampoco sé si Raúl elegirá seguir vinculado como entrenador al mundo del fútbol cuando cuelgue las botas; se han dado muchos casos de grandes jugadores que luego no estuvieron a la misma altura como entrenadores y, al revés, jugadores mediocres que después tuvieron una brillante carrera situando a los futbolistas sobre el campo. En cualquiera de los casos, ya sea para quedarse o para marcharse, Raúl ha decidido hacernos esperar hasta después del Mundial. Amor a primera vista entre Mourinho y Raúl. ¿Habrá que ponerles carabina?
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