El penúltimo raulista vivo

Un proyecto que transmite muchas dudas

Con el fichaje de Dembélé en su día, el más reciente de Griezmann y el más que posible de Neymar lo que trata de hacer Bartomeu es pilotar una transición más o menos controlada hacia el Barcelona post Leo Messi, que ya tiene 32 años y que, si Dios quiere, los irá cumpliendo como los cumplimos el resto de seres humanos, en eso la bilogía no es distinta. O sea, lo que está tratando de hacer el Barcelona es justo todo lo contrario de lo que hizo el Real Madrid con Cristiano, con la diferencia de que la marcha de Messi se está produciendo en diferido y le otorga al club catalán un tiempo de relativa tranquilidad mientras que al Real Madrid le pilló todo de repente. Con 33 años, Cristiano estuvo bien vendido por 100 millones y sinceramente no creo que la temporada madridista hubiera sido mejor con CR7 de lo que ha sido sin él, pero el impacto del adiós del máximo goleador histórico madridista fue máximo y el Barcelona lo quiere evitar a toda costa en la medida de sus posibilidades: cuando las barbas de tu vecino veas afeitar...

Está bien, de acuerdo, el Barcelona no tiene buenas relaciones deportivas con casi nadie, acaba de ser denunciado por el Atlético de Madrid, el PSG se las tiene tiesas con él y hay tres o cuatro clubes europeos más que no le pueden ni ver, pero, con o sin denuncia colchonera y con mayor o menor disgusto parisino, Griezmann ya marca goles para los culés y el jeque parece dispuesto a sentarse a negociar por Neymar. Por contra, el Real Madrid es modélico en sus relaciones con todo el mundo, traspasa a sus futbolistas sin mirar el escudo de la camiseta que éstos llevarán desde ese momento, tiene establecido un pacto de caballeros con el Atleti y el jeque le coge de la mano a Florentino Pérez, pero la sensación que transmite todo ese buen rollo es la de que, lejos de beneficiarse de ella, los intereses del club se resienten y los socios y aficionados no acaban de ver el aspecto beneficioso de una política por la cual el Madrid vende sin mirar a quien pero, por ejemplo el Valencia, pide a los merengues 120 por Rodrigo y a los atléticos 60.

Queda, por supuesto, tiempo hasta el cierre de la ventana de fichajes de verano, que es lo que venimos repitiendo un día sí y otro también desde que el Real Madrid se quedó amargamente colgado de la brocha allá por el mes de marzo. Quedaba tiempo para hacer y deshacer en marzo, luego en abril, más tarde en mayo, luego en junio y después en julio, y ahora quedan 15 días de agosto. A lo que en realidad suponía una auténtica hecatombre deportiva le quisimos sacar una lectura positiva, la de que, al fin y al cabo, el Real Madrid tendría más tiempo que los demás, que aún seguían vivos en todas las competiciones, para preparar con mimo y tiento la temporada 2019-2020 y para saber a qué y con quién jugar. Pese a ello, la sensación generalizada es la de que esos meses de ventaja se han dilapidado, que Bale o James, con los que no cuenta Zidane por los motivos que sea, continúan ahí, y que el club anda atenazado por una suerte de inquietante y un poco indignante dontancredismo mientras que los demás se mueven a pasos agigantados. Esta parálisis es justificada desde dentro por el fair play financiero y se auguran a otros, y especialmente al Barcelona, terremotos económicos que no acaban de llegar y crisis financieras que no terminan de producirse mientras De Jong o Griezmann ya visten la camiseta azulgrana y el primero da pases de gol y el segundo marca goles.

No digo que convencer a Bale de que haga las maletas cobrando como cobra 13 millones de euros sea sencillo, afirmo que, por ejemplo con el galés, ha faltado algo de tacto y de poder de seducción, quizás porque el jugador tampoco acaba de entender a santo de qué su entrenador no cuenta con él cuando resulta que le ha ganado alguna que otra Copa de Europa, sin ir más lejos La Decimotercera. Lo mismo digo de James: es cierto que el colombiano tampoco ha triunfado en Múnich y defiendo que el entrenador elija a sus jugadores y decida qué once presentar cada domingo, pero Zidane ha sacado muy deficiente a la hora de explicar por qué Bale o James no y, sin embargo, Kroos o Marcelo sí; como en el motín del HMS Bounty de la Marina Real Británica, Zizou se ha enrocado como en su momento lo hizo también el vicealmirante William Bligh: o conmigo o contra mí y se acabó la discusión.

El proyecto, en fin, transmite serias e incomprensibles dudas y, a falta de cinco días para que arranque la Liga, ni Zidane ni nadie puede asegurar a estas horas que el Real vaya a arrancar el campeonato en Balaídos jugando con un 4-4-2, un 5-3-2 ó un 3-5-2. Según cuentan Zinedine Zidane sólo consideraba esencial a un futbolista de cara a su nuevo proyecto y ese jugador no era otro que Paul Pogba y acabo de ver a Josep Pedrerol en Jugones diciendo que el Real Madrid tampoco tiene previsto ir a por él. En marzo querían cambiar a diez, en abril a siete u ocho, en mayo se calibró si echar a la calle a cuatro, en junio si prescindir de dos, en julio el que sobraba era el galés y, como dijo precisamente un compatriota de Bale, John Toshack, el sábado 17 a las cinco de la tarde es probable que salten al campo los mismos cabrones de siempre... más Eden Hazard.

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