El penúltimo raulista vivo

Un Mundial regalao

La propuesta de un Mundial para 2030 organizado por España, Marruecos y Portugal, pero sin el conocimiento de ésta última, suena al palo deportivo, o sea al globo sonda con guiño incluído hacia los futboleros, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quiere tocar ahora, en este momento. Es, por supuesto, un palo demagógico puesto que vaya usted a saber dónde estaremos cada uno de nosotros dentro de 12 años, igual hasta el presidente del Gobierno es para entonces Pablo Iglesias, y es un palo que el lunes por la tarde tenía tres patas y por la noche sólo contaba con dos, puesto que el primer ministro portugués reconoció que a él nadie le había informado absolutamente de nada. Esto huele a Iván Redondo a kilómetros porque como, además, Sánchez lleva en campaña desde que estrenó el cochecito mecánico que te traslada por el interior de las instalaciones del Palacio de la Moncloa, lo mismo da que da lo mismo que Mohamed VI le dijera que sí, que sí, con tal de que le dejara en paz o que Antonio Costa no sepa de la misa la media.

Pero Sánchez ha soltado esta bomba como dentro de dos días soltará otra y como antes soltó varias. Por ejemplo, anunciando que presentaría presupuestos para luego negarse a hacerlo tras darse cuenta de que no contaba con el apoyo suficiente en la Cámara y el desgaste iba a ser brutal. Por ejemplo, anunciando que acudiría al Senado para explicar su tesis y luego negándose a hacerlo alegando que el PP había convertido la Cámara Alta en un lodazal. Por ejemplo, negando credibilidad a las grabaciones de Villarejo cuando afectaban a una de sus ministras pero utilizándolas como objeto arrojadizo contra la oposición cuando afectaban a una ex secretaria general del Partido Popular. Por ejemplo, rompiendo relaciones con Pablo Casado para, a renglón seguido, trapichear con el presidente del PP la composición del futuro Consejo General del Poder Judicial. Por ejemplo, anunciando una subida en los impuestos del diesel para luego salir diciendo que no lo iba a hacer, para después volver a decir que sí los iba a subir hasta que, por último, tuvo que salir una ministra reconociendo que todo había sido un globo sonda. Por ejemplo, diciéndole al juez Llarena que se tenía que pagar él la defensa por la demanda interpuesta por el golpista huído de la Justicia Puigdemont para más tarde anunciar que le defenderían hasta las últimas consecuencias. Por ejemplo, anunciando a los cuatro vientos la creación de un museo de la memoria en el Valle de los Caídos para después convertirlo en un cementerio civil. Por ejemplo, comentar que Torra era un racista y un xenófobo (y en eso estoy de acuerdo con él) y luego pasearse de la mano por los jardines de Palacio como Ana Belén y Victor Manuel. Por ejemplo, asegurando taxativamente que no se venderían armas a Arabia para luego seguir vendiéndolas porque son tan inteligentes (a las armas me refiero) que sólo iban a matar a los malos muy malos y no a la población civil.

Con este historial, existen tantas posibilidades de que España, Marruecos y Portugal presenten al final una candidatura conjunta a organizar el Mundial como de que a mí me invite a salir Christina Hendricks; miento, yo tengo más posibilidades. El otro día, por cierto, Luis Rubiales dijo que él lo sabía porque fue una idea que surgió cuando el presidente de la federación se reunió en Moncloa con el presidente del Gobierno y con el de la FIFA para, entre otras cosas, abortar el partido de Miami propuesto por Javier Tebas. Rubiales sabía, al parecer, el "qué" pero nadie le informo del "cuándo", que, con el adelanto electoral cada día más probable, Sánchez decidió que fuera en Marruecos y sin conocimiento de uno de nuestros tres vecinos, Portugal. Así que, en el fondo, Sánchez se comportó con Rubiales y con el primer ministro portugués, un poco como se comportó Tebas con él y con el resto del planeta Tierra. Conte no sabía nada, Rubiales sólo sabía un poco y el único que lo supo todo de golpe fue el rey marroquí. Y además, si no acaba organizándose, ¿qué? ¿A quién le importa? ¿Se lo reprochará alguien a Sánchez en 2030? Es el típico "vendo barato, vendo barato, me lo quitan de las manos" de los mercadillos de verano. "Camisetas Calvin Klein de las buenas, regalás". Pues eso: un Mundial regalao.

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