El penúltimo raulista vivo

Un marfileño más

Deduzco que al Real Madrid debe preocuparle más bien poco presentar la batalla mediática a sus enemigos y que por ello se resiste a bajar al albero, aunque esa actitud institucional encaje mal con la preocupación máxima que Florentino Pérez ha aparentado tener siempre con la idea de preservar a toda costa la imagen del club. ¡Sería tan fácil ganar esa guerra, un juego de niños!... Por ejemplo: cuando en el Madrid se ha producido algún tipo de desmán, y hay algunos casos bastante recientes en el tiempo que claman al cielo, se ha dicho, y yo estoy de acuerdo con ello, que el silencio y la desidia de los socios madridistas, que son los únicos y auténticos dueños del club, facilitaba dicha anarquía; sin embargo las tontunas independentistas de Joan Laporta han pasado sin pena ni gloria y sólo unos cuantos locos de la vida nos hemos dedicado a poner los puntos sobre las íes.
 
No le faltará razón a quien argumente que hay que saber diferenciar entre los hechos que son delictivos y los que no lo son: estamos en un Estado de Derecho y todos podemos hablar libremente de casi todo sin que el peso de la ley recaiga sobre nosotros. Así las cosas, Laporta sólo estaría expresando su opinión cuando dice, por ejemplo, que "Cataluña es un país entre España y Francia"; de hecho hay partidos políticos en el Congreso de los Diputados que defienden exactamente lo mismo que él. Pero el fondo de la cuestión que quiero tratar no es la utilización política de un club de fútbol, que de esa ya hemos hablado hasta la saciedad, sino la responsabilidad de los socios barcelonistas a la hora de consentir con su silencio que Laporta haya hecho de su capa un sayo desde el año 2003. Me gustaría recordar que Ramón Calderón dimitió, y no precisamente por la presión a que fue sometido por sus socios, a los dos años y medio de haber tomado posesión de su cargo, pero que Laporta saldrá por la puerta grande del Camp Nou tras siete años como presidente.

No puede ser que el silencio de unos socios (los del Real Madrid) alargara el mandato de Ramón Calderón, y que el silencio de otros socios (los del Barcelona) no tenga nada que ver en la prolongación de la presidencia de Laporta. ¿El silencio de unos sí y el silencio de otros no?... A mediados de 2008, cuando todos sabíamos ya perfectamente bien de qué pie cojeaba Laporta, los socios culés tuvieron una ocasión pintiparada para poner a su presidente de patitas en la calle y no lo hicieron: la moción de censura sólo interesó por aquel entonces al 33% de la masa social azulgrana. Por lo tanto es imposible sostener por más tiempo que Laporta ha sido una especie de "comando autónomo", un individuo que actuaba por su cuenta y riesgo ante la indignación de los socios y aficionados barcelonistas. Doy por cierto que cuando Laporta dice que el Barcelona es un club sin Estado cuenta con la anuencia de la mayoría de sus socios, y compruebo con gran repugnancia profesional, intelectual y patriótica el hecho de que, cuando el presidente del vigente campeón de la Liga española de fútbol aclara que él animará en el Mundial a todas las selecciones que tengan en sus filas a jugadores culés (España, Argentina, Francia, Costa de Marfil...), los periobarcelonistas elijan mirar hacia otro lado.

Posdata: Quiero felicitar desde aquí a Joan Laporta por la clasificación del Barcelona para los cuartos de final de la Champions ni más ni menos que con la misma sinceridad que él mostró a la hora de sentirse dolido por la eliminación madridista. ¿Verdad que hablamos entre caballeros muy educados?
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