El penúltimo raulista vivo

Un cuento deportivo con final feliz

Cómo ha cambiado el cuento. El otro día le pedían a John McEnroe su opinión acerca del tenis español y decía que en Estados Unidos debían aprender de nosotros. Así que el tipo que ganó el Abierto de EE.UU con 19 añitos, el jugador genial que ganó tres veces Wimbledon y llegó otra a la final de Roland Garros, aquel terremoto que se erigió en el eje alrededor del cual giró durante cerca de tres lustros su equipo de Copa Davis, no tenía el más mínimo inconveniente en reconocer que España constituía un claro ejemplo a seguir para el país que ha conquistado 32 Ensaladeras desde el año 1900. Casi a renglón seguido, en un clarísimo ejemplo de compenetración, le tocó el turno a Mike Krzyzewski, seleccionador estadounidense de baloncesto; el señor Krzyzewski dijo lo siguiente sobre el equipo de Scariolo: "Lo que España ha hecho con el baloncesto en los últimos años es magnífico y verles jugar es maravilloso".

Magnífico... Maravilloso... Que cualquiera diga de uno esas cosas tan bonitas resulta ciertamente gratificante, pero que lo diga ni más ni menos que el seleccionador del equipo de basket de los Estados Unidos de América... En fin, que me pellizco y no me lo creo. Dices "tenis" o "baloncesto" y rápidamente piensas en los Estados Unidos; dices "fútbol" y es inevitable que la cabeza se te vaya a Brasil. Mi compañero Pedro Pablo San Martín dialogó el otro día con Pelé, y el Rey se deshizo en elogios hacia el equipo de Vicente del Bosque; también es cierto que Pelé se deshace en elogios hacia todo el mundo excepto Maradona, hace un montón de años que vive de la diplomacia, pero por una vez parece que está diciendo lo que cree y no lo que le resulta más lucrativo.

Mc Enroe comenta que el tenis español es un espejo en el que deberían mirarse sus compatriotas; Krzyzewski dice que es "maravilloso" ver en acción a la selección española; Pelé destaca el juego del equipo español. Y estoy seguro de que si le preguntaras a Hinault su opinión sobre nuestros ciclistas, y destacadamente sobre Contador, repetiría las mismas palabras. Ha experimentado tal cambio el cuento deportivo que si ahora mismo resucitaran los hermanos Grimm no tendrían ni idea de lo que estamos hablando. La excepción que confirma la regla es Lauda, que sigue atizándole a Alonso como si no costara. Ya cambiará también él. Lo único que se me ocurre pedir en voz alta es que esta racha siga durante muchos años, cuantos más mejor, y que España siga siendo la primera potencia deportiva mundial. Caperucita puede esperar un ratito más.

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