El penúltimo raulista vivo

Un bochorno de pretemporada

No sé por qué Pedro Tomás se lleva las manos a la cabeza puesto que de este Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol no podía esperarse otra decisión que no fuera la de desestimar la denuncia de alineación indebida efectuada por el Espanyol. Lejos de ser ciega, la justicia del Comité de Flórez mira con el rabillo del ojo, como suele decir el bueno de Andújar Oliver. Para Competición, convertido en auténtico "brazo armado" de Angel María Villar, existen tantas justicias como divisiones; y luego, dentro de cada división, tantas sub-justicias como clubes hay en cada una de ellas.
 
De todos es sabido, por ejemplo, que existe una justicia diferente para el Fútbol Club Barcelona, una justicia que consiente, hasta exasperarnos a todos, el lanzamiento al Nou Camp de botellas de cristal, pelotas de golf o cabezas de cochinillo. Al ex presidente de la Federación de Natación no le colocaron ahí por su brillante interpretación del derecho deportivo sino por el arte que tiene, y tiene mucho arte el tío, a la hora de explicar lo que no tiene explicación alguna.
 
La diferencia entre este caso y otros casos sucedidos con anterioridad es que a Flórez le ha salido ahora un "grano" en el trasero. El "grano" se llama Enrique Arnaldo, uno de los tres miembros del Comité, que ha manifestado su opinión contraria a la de sus otros dos colegas: él sí le da la razón íntegramente al Espanyol. Flórez, hábil como siempre, se saca del ropero el "caso Aloisi", y la Federación dice que, puesto que Puyol y Xavi fueron desconvocados, no se pueden aplicar las sanciones previstas por la FIFA para estos casos. Pero el director general del club españolista, que de esto entiende un poquito porque antes fue el mandamás de la Liga de Fútbol Profesional, contraataca asegurando que ninguno de los dos jugadores fueron desconvocados puesto que Luis Aragonés no los sustituyó por otros dos.
 
No tenía por qué hacerlo pero, después de la auténtica tomadura de pelo, el Espanyol se tomó la molestia de advertir, tanto a la Federación como al Barcelona, que se montaría la marimorena si Puyol o Xavi jugaban ese partido. Eso demuestra que el Espanyol actuó de buena fe. Jugó Puyol. Y también lo hizo Xavi. Y eso lo que demuestra es que, como decía la canción, el Barça se siente seguro, está en su salsa, confortable, calentito, como en el comedor de casa. Luis, sabedor de que el amistoso contra Finlandia era un bolo sin sentido, podría no haber convocado ni a Puyol ni a Xavi, pero ese no es el fondo de la cuestión. A lo mejor Rijkaard, conocedor del lío que se iba a montar, podría haber dejado en la grada a los dos futbolistas, pero ese tampoco es el fondo de la cuestión. El fondo de la cuestión es, sigue siendo a estas horas, el escaqueo de dos futbolistas internacionales, un escaqueo alentado y consentido desde la propia Federación Española. Y eso es triste. Triste y desalentador. Un bochorno. O, por mejor decir, otro bochorno más. Un bochorno, eso sí, de pretemporada. 
 
A continuación