El penúltimo raulista vivo

Trueba, Segurola, Bale y el efecto Compton

Ayer me preocupé de leer las crónicas que del partido Real Madrid-Levante de Liga hicieron en el As Juanma Trueba y en el Marca Santiago Segurola. Y, aunque no suelo hacerlo, también eché por curiosidad un vistazo a las puntuaciones que ambos periodistas otorgaban a los jugadores. Me paré en Gareth Bale. El partido acabó, como todo el mundo sabe, con un marcador de 2-0 a favor del equipo de Ancelotti, los dos goles marcados por el galés. Junto a Modric, que también tuvo una intervención directa en los tantos de su equipo filtrando primero un pase preciso a Benzema y después otro a Carvajal, Bale fue indiscutiblemente el mejor del partido. Como para ver un partido de fútbol no es tampoco necesario ser doctor de mecánica cuántica por la Universidad de Harvard y especialista en el efecto Compton consistente en el aumento de la longitud de onda de un fotón cuando choca con un electrón libre y pierde parte de su energía, Trueba reconoció lo que saltaba a la vista de cualquiera y premió la superioridad de Bale concediéndole tres "ases", un diez convencional.

Y entonces me fui raudo y veloz a Segurola, que no tiene ningún color salvo el del Athletic Club, que es tanto como ser neutral puesto que, como dice mi amigo Jaime Ugarte, en el fondo todo el mundo es de Bilbao. Sorprendente puntuación de mi admiradísimo Segurola: un cicatero 6,5 para el autor material de los dos goles de la noche y un generosísimo 6 para el bueno de Keylor Navas, convertido en estatua de sal de Pérez Zeledón, el cantón 19 de la provincia de San José, por obra y gracia de la ausencia total y absoluta de puntería exhibida por parte de los jugadores del Levante. Pongo en duda que Navas tocara un balón, uno solo, a lo largo de los noventa minutos y pico de juego que duró el partido, si acaso para sacar de portería tras algún zambombazo de los de Alcaraz y poco más, y sin embargo el cronista estrella del diario deportivo español más emblemático, un periódico fundado en el año de Nuestro Señor de 1938 por don Manuel Fernández-Cuesta Merelo y por el que han pasado como directores, entre otros, Jesús Ramos, Luis Infante Bravo, Alejandro Sopeña, ahora Oscar Campillo y también mis queridísimos Elías Israel, Manuel Saucedo y Eduardo Inda... puso cinco pírricas décimas más al mejor futbolista de un partido que a otro que simplemente no intervino, y no desde luego por falta de ganas sino por huelga del adversario. ¿Por qué?...

El otro día la BBC (no confundir con la BBC) acusaba al diario Marca del "brutal asesinato de Bale". Quiero que conste en acta que aborrezco este espectáculo dantesco, al que no pienso contribuir por supuesto, de unos periodistas contra otros periodistas, de todos es sabido que "perro no come carne de perro"... pero me da la impresión de que en el fondo del caso que nos ocupa, y salvo el calificativo un tanto shakesperiano de "brutal asesinato" con el que no comulgo por exageradillo, la BBC (no confundir con la BBC) tiene más razón que san Adeodato de Canterbury. Porque, seamos sinceros, a Gareth Frank Bale andan buscándole las cosquillas desde el primer día que llegó. Cierto es también que la insistencia del chico por demostrar que él no está lesionado, que no es Woodgate y que marca goles que ganan partidos no está ayudando demasiado a que los Tattaglia se relajen sino que les ha motivado más aún en la persecución del chico, que el otro día, tras marcar el primero, demostró que es galés, sí, de Cardiff, también, pero no es idiota y sabe qué se dice de él y también por qué.

A continuación