El penúltimo raulista vivo

Triples parejas

No logro explicarme cómo es posible que Tamudo y De la Peña no estén en la selección. Si, en vez de hacerlo en el Español, Tamudo jugara en el Barça o en el Real Madrid, sería un delantero de veintitantos goles por temporada, eso seguro. El tándem que forma con De la Peña es realmente sensacional. No es que, a lo largo de su ya dilatada carrera deportiva, a Iván le haya adornado precisamente la virtud de la regularidad, pero últimamente está que se sale. De la Peña instala su grada supletoria en el centro del campo y, desde ahí, dirige las operaciones de su equipo. Su irrupción en el fútbol español, al igual que sucediera en los casos de Butragueño o Guerrero, fue anunciada como el mayor acontecimiento futbolístico jamás contado. Aquello, por ejemplo, hundió a Julen y, sin embargo, fortaleció a De la Peña, que se vio obligado a emigrar del Barça y madurar definitivamente como futbolista. Se me hace raro no ver a Tamudo y a De la Peña en el equipo nacional, más aún tras la última gili-revolución de Luis Aragonés, el enésimo cuento chino de nuestro seleccionador.

Quique Sánchez Flores, por ejemplo, ha debido pasarlo fatal sin su pareja favorita de medios centro. Me estoy refiriendo naturalmente a David Albelda y Rubén Baraja, jambas que sostienen desde hace tanto tiempo al Valencia que uno ya no se puede imaginar ese equipo sin ellos dos. Estos Pirri y Zoco de Mestalla, convertidos en pareja de hecho futbolística, ahorman el equipo de tal forma que, cuando ellos faltan, el Valencia se convierte en la casa de tocamerroque y el centro del campo en la ONG "Salvemos de la Extremaunción a Nuestros Rivales". Seguro que Quique respiró ayer aliviado al saber que al fin, después de tanto sufrimiento, recuperaba a Albeldaraja o Barajelda, tanto monta, monta tanto.

Y la pareja de más reciente creación ha sido la que han formado en el Racing de Santander con Pedro Munitis y Dragan Zigic. Más allá del hecho, ciertamente llamativo desde luego, de que uno no llegue al metro y setenta centímetros mientras que el otro supere claramente los dos, lo cierto es que esta otra pareja se entiende a las mil maravillas sobre el terreno de juego. Llegado el caso, Miguel Ángel Portugal quizá pudiera haber prescindido de uno de ellos, pero el hecho de no poder contar con ninguno de los dos fue una ventaja tan diáfana que el Zaragoza de Víctor Fernández no pudo desaprovecharla. Sin ellos, el Racing de Santander careció absolutamente de pegada y lo pagó ante un equipo que, cuando juega bien, juega realmente muy bien.

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