El penúltimo raulista vivo

Top ten del odio culé

Está contentísimo Del Nido con eso de que le hayan elegido como uno de los hombres más odiados por la afición culé. Me imagino que la medalla de oro habrá sido, otra vez, para Figo, sempiterno campeón mundial de esa curiosa clasificación. Lo último que dijo el portugués, refiriéndose a la ciudad de Barcelona, es que ya no vuelve por allí porque tiene mucho miedo a que le salga cualquier loco por la calle. Lo siento Luis, pero te veo ahí, en lo más alto del podio, por los siglos de los siglos. En lo que tiene razón, sin embargo, Del Nido es en que su irrupción en la lista de los más odiados responde al miedo que produce el Sevilla entre los barcelonistas. Friedrich Nietzsche decía que no se odia más que al igual o al superior y es verdad que, cuando preguntas en Barcelona qué equipo ven este año como su máximo rival, la mayoría apuesta por el Sevilla en detrimento del Real Madrid.

El top ten del odio culé ha estado tradicionalmente ocupado por madridistas y, en lo que a directivos se refiere, por presidentes del Real Madrid: Mendoza y Sanz fueron bastante odiados, más el primero que el segundo, aunque el más antipático de todos fue, de largo, Florentino Pérez. Pérez, que es un tío listo, nunca alcanzó un grado de atontolinamiento tal como para salir públicamente afirmando que él estaba encantado de que le odiaran en Barcelona, pero estoy seguro de que, en la intimidad, disfrutaba un montón sabiendo que nadie le tragaba en la ciudad condal. Del Nido dice que si el Sevilla estuviera clasificado en la decimoctava posición de la tabla nadie le prestaría atención, pero yo creo que Del Nido tiene recursos suficientes como para caer mal siendo primero, quinto, duodécimo o farolillo rojo. Hay quien nace con el duende del baile, y el presidente del Sevilla nació con el duende de caer mal a la gente, qué le vamos a hacer...

Aunque sólo fuera por curiosidad me gustaría saber qué lugar ocupa en la clasificación don Ramón Calderón. Si es cierto que ya no está entre los cinco primeros habrá que apuntarle en el "haber" el cumplimiento de otra de sus promesas electorales. Estaba muy preocupado el presidente del Madrid con eso de que el Real no cayera bien fuera de la capital, como si lo del lanzamiento de pelotas, piedras o huevos en Barcelona, Pamplona o Sevilla arrancara desde el año 2000. Que les pregunten a Hugo o a Stielike cómo caían ellos en el viejo Sadar o en San Sebastián. Fatal, caían fatal. Como caía fatal en el Santiago Bernabéu Hristo Stoichkov. O Figo y Luis Enrique cuando jugaban con la camiseta del Barça. Su obligación consistía en caer mal cuando jugaban fuera de casa, y cuanto peor caían, mucho mejor le iba a su equipo. Seguro que si Calderón no consigue ningún título este año pasará directamente de la lista de los más odiados a la de los más admirados. Y de ahí a la indiferencia hay sólo un paso.

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