El penúltimo raulista vivo

Tontómetro en marcha

Pongamos el tontómetro en marcha. El catalán Alberto Lopo, en la actualidad enrolado en las filas del Deportivo de La Coruña, dice que "parecía que el árbitro quería que el Real Madrid ganase la Liga". A mí, sin embargo, lo que me pareció es que eran los jugadores del Deportivo de La Coruña, y no el árbitro, quienes estaban luchando por la Liga. Qué digo la Liga, la Champions. Qué digo la Champions, la Intercontinental. Qué digo la Intercontinental, todas, la Liga, la Champions League y la Intercontinental, las tres competiciones al mismo tiempo. ¡Qué manera de bregar! ¡Qué forma de luchar como si les fuera en ello la vida!

Sin embargo el Depor, decimotercer clasificado y con 44 puntos, en realidad no se jugaba absolutamente nada salvo el honor coruñés. Supongo que a Lendoiro, presente en el palco del estadio Santiago Bernabéu, se le saltarían las lágrimas al contemplar cómo sus jugadores se dejaban la piel y el hígado con tal de ondear las banderas de Culleredo, Arteijo, Oleiros, Bergondo, Carral... No eran once futbolistas, no, eran once Sinforianos López, once gladiadores defendiendo la portería de Aguate como si el Madrid fuera la invasora Francia y en el césped del Bernabéu se estuviera librando la batalla de Elviña. No dudo que, de haber jugado así los treinta y cinco partidos precedentes, el Deportivo estaría ahora mucho más arriba en la clasificación. Quien sabe si luchando realmente por el campeonato y no de manera virtual.

Dice Arizmendi, otro que tal baila, que la mano de Van Nistelrooy la ve hasta un ciego. Es el suyo sin duda un poder de deducción muy similar al que poseía Sherlock Holmes. De hecho pienso que si hoy viviera Arthur Conan Doyle, el 221B de Baker Street no lo ocuparían el famosísimo detective y el doctor Watson sino Arizmendi y Lopo. La mano de Van Nistelrooy, efectivamente, la ve un ciego. Fue tan clara la mano del holandés como la de Maradona ante Inglaterra o la que, más recientemente, protagonizó Agüero ante el Recre. Sin embargo el árbitro concedió gol en ambas jugadas. ¿Por qué? Caben aquí dos posibilidades: que Fernández Borbalán no viera la mano o que la viera y, aún así, no quisiera pitarla, que es lo que parecen dejar entrever cobardemente Lopo y Arizmendi. Quedan sólo dos jornadas para que concluya la Liga y el tontómetro oscila agresivamente. Estos dos personajes son sólo un pequeñísimo ejemplo de las memeces que vamos a tener que oír hasta que acabe. Lendoiro puede estar satisfecho por la defensa que ambos hacen del club de sus amores. Renovación de por vida ya.

A continuación