El penúltimo raulista vivo

Tiro al Guti, deporte olímpico

No hay nada que pueda justificar la nueva gutiada de Guti, y menos aún ahora, justo cuando por fin un entrenador parece estar confiando en él y quiere dejarle que sea el medio centro ofensivo del Real Madrid, lo que en Italia conocen como reggista. Por supuesto que alguien podrá afirmar, y con bastante razón por cierto, que a la fuerza están ahorcando a Schuster. Al alemán le gusta que su equipo tenga el balón, llamando sobre todo la atención el hecho de que un club con el presupuesto del madridista sólo tenga en la plantilla a un jugador del perfil del canterano. Guti no tiene sustituto, así de claro; y a Schuster no le queda más remedio que alinearle. Eso lo saben también los rivales que, cuando se enfrentan al Madrid, juegan al "tiro al Guti". Todavía no es deporte olímpico, pero creo que el COI está en ello.

Y ahora regreso otra vez al principio: no hay nada que pueda justificar la actitud de Guti, nada. El lo sabe y creo que ya ha pedido las oportunas disculpas. Dicho lo cual, sí detecto sin embargo una suerte de exhibicionismo impúdico por parte de los equipos que juegan contra el Real Madrid a la hora de declarar abiertamente y sin ambages su intención de frenar al centrocampista merengue al precio que sea. El árbitro está para impartir justicia sobre el campo y no para cantarle una nana a tal o cual jugador, por muy bueno que sea, pero es que, limitándose a aplicar el reglamento, se acabaría rápidamente con esta clase de actitudes. Y, refiriéndome al caso de Guti, lo hago por extensión a Messi, Agüero, Ronaldinho, Robinho y todos aquellos futbolistas que están en condiciones de hacer del fútbol un arte.

Si el árbitro no hace bien su trabajo y la reiteración en las faltas no castigadas tienen al madridista más veces "comiendo hierba", como diría Fernando Redondo, que con el balón en los pies, estalla una incontenible tormenta dentro de la cabeza de Guti. Y es curioso porque los rivales del Madrid también saben de la fragilidad mental del jugador en cuestión y sólo tienen que poner el crono en marcha y esperar a desquiciarle para jugar contra un equipo con diez. Pero, para conseguir eso, han de contar con la inoperancia o, lo que es peor, la anuencia del juez de la contienda, que no es capaz de frenar al agresor. Repetiré lo mismo por tercera vez: no hay excusas para Guti, del mismo modo que tampoco las hay para el futbolista que, de forma reiterada y malintencionada, persigue que su rival no juegue al fútbol, o para un árbitro que, cobrando noventa mil euros al año sólo por dirigir partidos, no se conoce el reglamento o no sabe cuándo o cómo aplicarlo. Ellos tampoco tienen excusa.

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