El penúltimo raulista vivo

Tiro al Bale

Hubo de transcurrir un año entero, trescientos sesenta y cinco días con sus respectivas trescientas sesenta y cinco noches, para que Cristiano Ronaldo reconociese que se había confundido diciendo aquello de que no era feliz en el Real Madrid; saltaba a la vista que así era y por eso yo, que no soy especialmente sagaz, me di cuenta inmediatamente y lo dije aquí, en Libertad Digital, causándome a su vez mi crítica al extraordinario futbolista portugués otras críticas en las que seguidores del club blanco me acusaban de ser un antimadridista de tomo y lomo, cuestión ésta que nos conduciría a un callejón sin salida aparente puesto que, siguiendo dicho hilo argumental, falaz y endeble a partes iguales, y ya que el propio Cristiano reconoció al final que se había equivocado, quienes me acusaron a mí de antimadridista podrían acabar haciendo exactamente lo mismo con él.

Pero pelillos a la mar, no pasa nada. Habrá que tratar de explicarles a estos seguidores del Real Madrid que es perfectamente compatible el elogiar la calidad futbolística de un jugador y disfrutar con ella con la posibilidad de la crítica cuando yerre, si es que yerra, en algún momento determinado a lo largo de su vida. Si hasta Joseph Ratzinger, antes de convertirse en Benedicto XVI, redefinió la infalibilidad del Papa y explicó en qué consistía exactamente dicho dogma, ¿cómo no habría de equivocarse un futbolista, por muy bueno que sea y por muchos goles que marque?... Seguro que Cristiano, que si se llama así no es precisamente por casualidad, lo entenderá mejor que nadie.

Cristiano no es infalible ni habla tampoco ex cátedra, y algunos gestos suyos son a veces difícilmente defendibles incluso para un convencido cristianista como es el caso de quien esto escribe. Ayer, por ejemplo, el mejor jugador del Real Madrid en su victoria ante el Español fue sin lugar a dudas Gareth Bale, que fabricó el primer gol de James con un pase espectacular y milimétrico de banda a banda que tuvo su continuidad en una asistencia del propio Cristiano al colombiano y que luego marcó un golazo en un libre directo que dejó a Casilla turulato. El gesto de Cristiano en la famosa jugada de Bale cuando el marcador reflejaba un 3-0 fue inaceptable por varios motivos: el primero es que el noventa y nueve por ciento de los futbolistas habrían hecho probablemente lo mismo que hizo el galés, encarar al portero e intentar marcar, y el segundo es que la jugada mental (buscar el espacio, arrancar como un MIG-25, levantar el balón y cedérselo al compañero) es muy sencilla si se observa desde la tranquilidad del sillón y con una bolsa de patatas fritas con sabor a barbacoa en una mano y una cerveza en la otra, pero la jugada física tiene alguna complejidad más sobre el campo.

Cristiano se equivocó por esos dos motivos aunque el tercero, y en mi opinión el principal y más grave de todos, es que él sabe perfectamente lo que se ha dicho de Bale a lo largo de toda esta semana y con su gesto no hizo otra cosa que acabar de echarle encima al público a un compañero de equipo, criticado no se sabe bien (o a lo mejor sí se sabe) por qué en determinados medios y también celosamente marcado por un amargado tendido 7 del estadio Santiago Bernabéu que tiene evidentes problemas de memoria y que arrastra una personalidad lo suficientemente endeble como para ser más proclive que otros a creer a pies juntillas determinadas bufonadas. Cristiano debería saber que, como ya sucediera en su caso, hay cola para darle a Florentino Pérez una patada en el culo de Bale. No estaría nada mal que esta vez reconociera su error antes de que pasen doce meses y, ya puestos, le quitara de paso a Gareth Bale la diana de la cara.

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