El penúltimo raulista vivo

Tiro al aire de Carletto

Llevo sólo dos semanas pisando la redacción de Libertad Digital y de esRadio y en esos catorce días, y fiel a mi proverbial don para predecir el futuro, ya he perdido dos comidas: con Luis Herrero, que el miércoles vaticinó con alborozo la eliminación del Chelsea en Champions a manos del PSG, y con Sergio Valentín, que el viernes dijo que Keylor Navas jugaría como titular ante el Levante. A quien sí se le entendía todo con el asunto de los porteros era a José Mourinho: "A mí me gusta más Diego López que Iker Casillas", y añadía aquello de "es simple". Simple o complejo, el asunto del nombre del titular de la portería del Real Madrid durante la última etapa de Mou en el banquillo merengue quedó definitivamente resuelto: le gustaba más Diego porque, y cito textualmente, "juega bien con los pies, sale, domina el juego aéreo. Iker es un portero fantástico entre palos, pero me gusta más otro tipo de portero". Quienes afirmaban, y aún afirman, que tras la decisión de Mourinho se escondía un problema personal y no deportivo tenían a su vez un problema personal y no deportivo con el técnico del Madrid y, a mi modo de ver, quedaban por lo tanto descalificados en la Q1 del Gran Premio de la objetividad periodística.

Pagaré, por supuesto, la comida a Sergio Valentín. Paciencia. Cometí el infantil error de tratar de aplicar la lógica a una decisión que, al parecer, carece de ella. Si Ancelotti tuvo que dejarse la piel en la sala de prensa tratando de explicar que, llevándole al banquillo, él no estaba señalando en modo alguno a Iker por el desastroso partido ante el Schalke 04 es porque el personal mediático estaba devanándose erróneamente los sesos tratando de encontrar justificación a la repentina y puntual presencia bajo palos del gran portero costarricense y en un partido, además, que, nada más conocido el calendario podría haber pasado inadvertido pero del que ayer hubo mucha gente pendiente después de los últimos acontecimientos. El Real Madrid jugó una buena primera parte, con tensión, velocidad en la circulación y presión arriba, y una segunda mitad menos buena, y lo cierto es que nada puede decirse (ni bueno, ni malo, ni regular) de la actuación de Keylor puesto que si llegó a vivir en pimera persona la sugerente experiencia de tocar algún balón a lo largo de los noventa minutos de juego fue única y exclusivamente para sacar de portería tras uno de los tres o cuatro disparos de jugadores del Levante con dirección hacia la grada.

Además, y al mismo tiempo que sugería la titularidad de Navas ante el Levante, Ancelotti garantizó la presencia de Iker en el partido del domingo que viene contra el Barça en el Camp Nou. Keylor, como he dicho, no tuvo ni arte ni parte ante los de Alcaraz y trabajó más en el calentamiento previo que en el partido de verdad, pero... ¿y si hubiera sido el gran salvador del Madrid? ¿Y si Keylor hubiera protagonizado el partido de su vida? ¿Habría seguido apostando Ancelotti por Casillas en el partido clave de la Liga?... No acierto a comprender la decisión del entrenador del Real Madrid ni qué la motivó. Es normal que a Keylor Navas le quede al final la amarga sensación de verse relegado a jugar los minutos de la basura de los partidos irrelevantes. Y es lógico que Iker Casillas piense que o bien el entrenador le señaló por el partido de Champions o bien le estaba protegiendo... de sus propios aficionados. Ojalá le salga centrado el tiro a Carlo Ancelotti o, en su defecto, caiga en la arena como el de Camarón, pero no puedo por menos que reflejar aquí mi extrañeza por su decisión, que por supuesto respeto, y me veo también obligado a decir que yo, humilde mortal, a quien sí entendí en su día fue a José Mourinho. Simple.

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