El penúltimo raulista vivo

Tan práctico como un fontanero cambiando el inodoro

Es conocida aquella frase del poeta escocés Alastair Reid según la cual si un marciano preguntase qué es el fútbol, un vídeo del partido Brasil-Francia del Mundial de México le convencería de que se trata de una elevada expresión artística. Precisamente eso es lo que acaba de poner de patitas en la calle al entrenador italiano Fabio Capello. Si a un marciano razonablemente culto se le hubiera ocurrido preguntar qué era aquello que estaban haciendo en el estadio Santiago Bernabéu once seres humanos vestidos de blanco y en pantalón corto, lo último que podríamos responderle es que se trataba de una elevada expresión artística.

Capello ha sido tan práctico como un fontanero cambiando el inodoro, tan eficaz como un electricista que coloca un fluorescente, tan diestro como un pastelero que esconde el regalo en el roscón de Reyes, tan hábil como un zapatero poniendo un par de alzas... Capello ha sido práctico, eficaz, diestro y hábil, pero no ha sido nada divertido, y mucho menos artístico. El mortal aburrimiento al que el entrenador italiano sometió durante siete meses demasiado largos a la afición más exigente del mundo es lo que acaba de dejarle sin taquilla en Valdebebas, pero con algunos millones de euros más en sus bolsillos.

Ramón Calderón arriesga tomando esta decisión, aunque más de lo que le han pitado este año será difícil que puedan pitarle en el futuro. El sapo que ha tenido que tragarse Pedja Mijatovic tampoco es un sapo cualquiera; no es uno de esos simpáticos sapitos verdes que podemos ver en cualquier charca, no, sino un cururú de Brasil, un enorme y desagradable sapo buey de veinte centímetros de longitud y un kilo y medio de peso. Aunque al montenegrino, cuya faz ha ido adquiriendo una tonalidad intensamente verdosa a medida que avanzaba la rueda de prensa, tendrán que sacarle de ahí entre los SWAT, los GEO y la legión extranjera.

El Real Madrid deshojará ahora la margarita entre los posibles candidatos a sustituir a Capello. Tienen donde elegir y se abre un amplísimo abanico de posibilidades. Podrían fichar a Bernd Schuster, aunque también suenan para el puesto Schuster, Bernardo, Bernardo Schuster y Schuster, Bernd; ya saben, el alemán del Getafe. Afilan la guillotina los capelistas, aunque quiero suponer que sus fans tendrán con el alemán la misma paciencia que los amantes del buen fútbol tuvieron con el italiano. Mijatovic se llevará bien con Schuster exactamente por lo mismo que se desnudaba la Cantudo, por "exigencias del guión". Más sapos. Más culebras.

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