El penúltimo raulista vivo

Táctica de distracción de Penélope

Recuerdo muy bien que el pasado 8 de diciembre, con motivo precisamente de la disputa del partido que enfrentó en el estadio Velodrome de Marsella al Olympique con el Real Madrid y que cerraba el grupo C de clasificación, dije que Manuel Pellegrini tenía a partir de aquel instante más de dos meses por delante para rematar su construcción y darle una forma definida al estilo con el cual pretendía que su equipo afrontara la fase decisiva de la Champions League. Era un modo como cualquier otro de obligarme a mí mismo a ver el vaso medio lleno porque, por aquellas fechas, el Madrid iba sacando adelante de aquella manera sus partidos pero con más tumbos de los estrictamente necesarios, y tenía la sensación de que el entrenador no acababa de dar con la tecla correcta. Pese a todo, el Real se había clasificado primero, pegándole además, como era preceptivo, un soberano repaso a los nuevos amigos de Morientes, un conjunto inferior en cualquier caso al madridista.
 
Transcurridos más de sesenta días desde entonces, ¿qué podemos decir del Madrid que hoy visita a otro Olympique distinto, en este caso el de Lyon, pero tan inferior al equipo blanco como el marsellés?... El Real Madrid de Pellegrini me recuerda mucho a Penélope: acuciada por los pretendientes que exigían que diera de una vez por todas por muerto al desaparecido Ulises, la reina de Ítaca prometió que daría el "sí quiero" en cuanto terminara de tejer un sudario para Laertes; la fiel y casta Penélope se tiró veinte largos años destejiendo de noche lo que tejía de día hasta que al fin reapareció su amado. Esa es más o menos la sensación que tengo con el Real Madrid, que desteje un día lo que tejió el anterior, trasladando hacia el exterior la imagen de un equipo con una pegada alucinante aunque poco fiable. La táctica de distracción de Penélope era la correcta puesto que su objetivo consistía en engañar a los hombres que habían invadido su casa, pero... ¿cómo fiarse de un equipo que lleva seis meses en construcción?

El Real, eso sí, ha ganado en solidez defensiva, pero cuando tengo la ocasión de verle en acción (y hasta ahora he visto todos y cada uno de los partidos que ha disputado tanto en Liga como en Champions y Copa del Rey) sigue invadiéndome la incómoda sensación de que continúa sin funcionar como un equipo sino como once fenomenales individualidades, y que en cualquier instante a lo largo de un partido puede destejer todo lo tejido. A medida que se fueron conociendo los fichajes de Kaká, Ronaldo, Benzema, Xabi Alonso, Arbeloa y compañía, todos dimos por hecho que el Real presentaría batalla al Barcelona por la Liga y superaría sin dificultades los octavos de final de la Champions, y en esas estamos; pero también dimos por hecho que jugaría a algo, y en esas no estamos aún. El Real Madrid de los 300 millones de euros de inversión, el de la superproducción más ilusionante de la historia, sigue poniéndole ladrillos a la obra de El Escorial; ese es el vaso medio vacío, el vaso medio lleno es que está a seis partidos, sólo seis, de jugar su final en el estadio Santiago Bernabéu. Ojalá aparezca cuanto antes Ulises; le echamos mucho de menos.
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