El penúltimo raulista vivo

Supongo que el Barça piensa que Franco ya no podrá resucitar

En "Y al tercer año resucitó", ese genio de la sátira política que fue Fernando Vizcaíno Casas y al que convendría leer en la escuela, proponía un imposible, la resurrección de Francisco Franco, muerto en noviembre de 1975, tras haber permanecido tres años bajo la losa de mármol del Valle de los Caídos. El general resucitaba un 20 de noviembre del 78, salía caminando y, como muchos españoles de la época, se ponía a hacer autostop; al fin le paraba un amable conductor, Franco se subía al coche y le pedía que le acercase hasta el Palacio del Pardo... y hasta ahí puedo leer. Ayer me vino a la memoria el gran Vizcaíno porque estoy seguro de que hoy pondría feliz su afilada e irónica pluma al servicio del homenaje a la noble causa que anoche protagonizó el Fútbol Club Barcelona, un gesto gallardo por parte del club catalán que, casi 44 años después de la muerte del dictador, decidió quitarle las medallas honoríficas que en su día le fueron concedidas al caudillo en 1971 y 1974, una de oro conmemorativa de la inauguración del Palau y otra del club y de idéntico metal a requerimiento de las autoridades de la época.

Es curioso porque le retiran las dos medallas de oro, supongo que con el consiguiente enfado monumental de Franco, que sólo lleva cerca de medio siglo criando malvas, pero el general puede seguir muerto tranquilo porque, no se sabe bien a santo de qué, conserva una insignia de oro y brillantes que le fue impuesta en 1951. Esta primera condecoración culé a Franco tiene su historia puesto que fue el propio Agustí Montal Galobart, padre del otro Agustí Montal que más tarde volvería a condecorarle, quien, henchido de un incontenible orgullo patriótico, se quitó su propia insignia de oro y brillantes de la solapa y, saltándose a la torera el protocolo, se la impuso a Franco después de que el Barça de las Cinc Copes se impusiera a la Real Sociedad por 3-0 en la final del título apellidado Generalísimo. Así que... del mal el menos, imagino que pensarán los herederos de Franco, que, como todo el mundo podrá suponer, tenía la de las condecoraciones culés a su antepasado entre las máximas prioridades: pierden dos medallas de oro pero, a cambio, conservan una insignia, no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista.

Lo primero que conviene decir es que si la junta directiva del Barça decidió quitarle ayer a Francisco Franco sus dos medallas de oro es porque primero se las había concedido. O sea, salta la noticia: el Fútbol Club Barcelona que es más que un club, el Barça resistente contra el dictador, el Barça catalanista hasta las últimas consecuencias, el club que puso pie en pared para que Franco no se pasase ni un pelo... condecoró, y no una ni dos sino tres veces, al dictador. No era un rumor, no era un mito ni un error, no era como lo del monstruo del Lago Ness, no: el Fútbol Club Barcelona condecoró a Franco. El Barça premió a Franco porque le salvó de la ruina económica y si Franco salvó de la ruina económica al Barça fue porque todos los dictadores tienen la fea costumbre de utilizar el deporte para publicitarse. Supongo que desde el punto de vista de Franco estaría bien regalarle al Barça un montón de dinero a fondo perdido e imagino que, desde el punto de vista culé, al Barça no le quedó otro remedio que homenajear a su mecenas. Circunscrito a ese período histórico de España, Franco hizo lo que debía y el Barça actuó del modo que se esperaba que actuase, pero lo que no cabe en cabeza humana es que ahora, en pleno siglo XXI, el Barça pretenda reescribir la historia y haga un autorretrato en el que sale alto, rubio y con los ojos azules cuando la realidad es que, como el resto, era bajito, con poco pelo y los ojos negros, al más puro estilo de Alfredo Landa.

Antes decía que, al conocer la noticia de la retirada de las dos medallas a Franco, me vino a la memoria el gran Vizcaíno Casas. Sí porque anoche Josep Vives reconoció que esta posibilidad ya se valoró hace 16 años, en 2003, y en aquel momento se descartó. Tiene toda la pinta de que, entonces, en el Barça pensaron que Francisco Franco llevaba poco tiempo muerto, sólo 28 años, y que aún cabía la posibilidad de que, en homenaje al libro de Vizcaíno, el general resucitase; lo cierto es que 44 años parece un período de tiempo suficientemente prudente como para poder asegurar casi al cien por cien que del dictador ya no quedan probablemente ni los huesos. A Franco sí pero, por ejemplo, a Iñaki Urdangarin no. Hace unos meses, y después de que el ex jugador de balonmano ingresase en prisión tras ser condenado a cinco años y diez meses por delitos de prevaricación, malversación, fraude y tráfico de influencias, la Asamblea de Compromisarios del club catalán decidió no votar para retirar su camiseta, que cuelga, junto a la de Masip por ejemplo, en lo más alto del Palau que Francisco Franco ayudó a construir; no se votó porque no se recogieron las firmas suficientes para ello. Habiendo muchas más diferencias entre ellos, supongo que, visto todo desde el prisma culé, la fundamental es que Franco lleva casi medio siglo muerto y, aunque encarcelado, Urdangarín vive y, por lo tanto, aún puede resultar útil. No es, pues, una cuestión de honor mancillado ni de defensa a ultranza de un comportamiento ético sino de practicidad: quitarle a la momia de Franco dos medallas es práctico, retirar la camiseta de Urdangarín del Palau no lo es. La pela es la pela... también en democracia.

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