El penúltimo raulista vivo

Sostres a lo Donnie Brasco

Salvador Sostres dejó anoche en Futboleros la imagen pública de Pep Guardiola como la restauradora de Borja dejó al Ecce Homo de García Martínez, hecho unos auténticos zorros. Supongo que, teniendo en cuenta que tiene que seguir viviendo allí y yendo al campo de vez en cuando, este auténtico Donnie Brasco del guardiolismo habrá calibrado con exactitud la consecuencia de sus palabras o, y yo me inclino por pensar esto último, éstas le traerán al pairo y preferirá contar lo que sabe a pasar por adorador del falso niño de Moronacocha. El caso es que Sostres, culé irredento, barcelonista furibundo y azulgrana las veinticuatro horas del día, contó con información desde dentro más o menos lo mismo que yo llevo contando desde hace cuatro años con intuición desde fuera. Corre el riesgo este testigo protegido de que a partir de ahora le traten como a un apestado por haber osado dar su sincera opinión.

Lo que a mí más me llamó la atención de todo lo que dijo el columnista de El Mundo no fue exactamente el perfil que dibujó del ex entrenador culé, que será por supuesto desacreditado en tiempo y forma por el establishment que hay montado a su alrededor y que funciona como un reloj suizo, sino que alabara a Mourinho como lo hizo y dijera algo que, por otro lado, también he dicho yo aquí por activa y por pasiva: de no ser por la llegada del portugués al fútbol español, Guardiola seguiría sentado en el banquillo del Nou Camp. Me quedo también con su relato sobre las presiones procedentes de la actual junta directiva presidida por Sandro Rosell para que mintiera y dijera que lo que aparecía en su artículo Penúltimas traiciones había sido filtrado por el ex presidente Laporta.

Las palabras de Sostres tienen credibilidad porque hasta hace poco era un hombre muy cercano a Guardiola. Y la conclusión que de ellas extraje es que el ex técnico del Barcelona es Jekyll y Hyde, un hombre que se contiene en público para lograr paso a paso todos sus fines, un político que no duda en dejar tirado a quien corresponda para alcanzar sus metas. Emilio García Carrasco habló de otra traición, la que le hizo a Juan Manuel Lillo, el hombre que estaba en principio destinado a ser su segundo en el banquillo y que hoy podría estar perfectamente donde se encuentra Vilanova. Yo sí creo que tiene interés conocer la cara oculta de los personajes públicos. Sostres, insisto, ha dejado la de Guardiola a la altura del betún y no me cabe la menor duda de que a partir de ahora habrá un antes y un después para él y deberá arrastrar con santa paciencia por Canaletas la cruz del anticatalanismo. Esperemos que no acabe como Albert Boadella. O le pase como a Félix de Azúa.

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