El penúltimo raulista vivo

Sobre héroes y dioses

Al principio de El mejor, sin duda una de mis películas favoritas, se produce la siguiente conversación entre los personajes interpretados por Robert Redford y Barbara Hershey:

– ¿Has leído a Homero?
– Homero... Bueno... Si no es cronista deportivo dudo mucho que lo haya leído.
– Homero vivió hace muchos años y escribió sobre héroes y dioses. Si hubiera venido hoy aquí a verte te aseguro que habría escrito sobre béisbol.

Tras la jornada de Liga disputada este fin de semana, en la que, como todo el mundo sabe, perdieron Barcelona y Valencia, empató el Sevilla y ganó el Real Madrid logrando así acortar distancias con los equipos de cabeza, han empezado a circular de nuevo por ahí encuestas a propósito de qué equipo ganará al final el campeonato. Las que conozco, las hechas en Madrid, apuntan al Real como indiscutible favorito al título. Es esa, supongo, la manera que tenemos los actuales cronistas deportivos de darle un poquito de vidilla a lo que queda de campeonato, uno de los más mediocres que se recuerdan en los últimos tiempos. Y vuelta a acordonar La Cibeles. Y vuelta a oír el cansino pasodoble de Toñín el torero (no podían haber sido Joselito o El Cid los elegidos como iconos del madridismo de principios del siglo XXI, no, tuvo que ser el tal Toñín). Y vuelta la burra al trigo.

Es un hecho que el Real Madrid puede ganar la Liga. Dudo mucho que lo haga, sinceramente, aunque es posible. Está a dos puntos del Barça y sólo le separa uno del Sevilla, el mejor equipo del mundo. ¿Y qué? Para mí, el favorito indiscutible sigue siendo el Barcelona, a pesar de todas las facilidades que está dando al resto de candidatos. Pero un título más o un título menos (quiero recordar que, sólo de Liga, el Real Madrid Club de Fútbol ya colecciona en sus vitrinas un total de veintinueve) no curarán este lento, gradual, parsimonioso y, por lo tanto, triste proceso de vulgarización al que, debido a un importante sector de vilordos mediáticos, se está conduciendo irremediablemente al mejor club deportivo, y no sólo futbolístico, del siglo XX.

Me pregunto de qué narices habría podido escribir el autor de La Ilíada y La Odisea, el hombre que es, según Hegel, "el elemento en el que el mundo griego vive como el hombre vive en el aire", si, transformado de repente en un corresponsal deportivo del USA Today en España, le hubiera tocado venir durante toda la temporada al estadio Santiago Bernabéu. De fútbol, desde luego que no podría haber escrito. Ni tampoco de héroes. Mucho menos de dioses. Durante más de medio siglo el Real Madrid ha sido un club de fútbol homérico, un equipo épico incluso a lo largo de sus peores rachas deportivas, que también las hubo. Hoy, con todo el dolor de mi corazón, tengo que decir que no reconozco ese club, ni a sus directivos, ni a sus jugadores.

El color de la camiseta sigue siendo el blanco. El estadio continúa siendo el mítico Santiago Bernabéu. Pero se evaporó la grandeza. Este Real Madrid tiene poco de Homero y mucho de Dan Brown, el autor de aquel aburrido e infantiloide panfleto que batió records de ventas. Nunca importaron los títulos en el Madrid sino cómo se alcanzaban estos. Cuando me hablan de Di Stéfano, Puskas, Rial o Gento tengo la impresión de que se están refiriendo a Ulises, Aquiles, Néstor o Telémaco. ¿Existieron de verdad algún día aquellos héroes del fútbol? Doy fe de que así fue. Existieron aquellos héroes porque yo vi a otros que los sustituyeron. Y me robaron el corazón. Por eso me niego a pensar en un futuro mediocre y al alcance de cualquiera. El Real Madrid será el mejor o simplemente no será. Sólo espero que a los aficionados no les den gato por liebre.

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