El penúltimo raulista vivo

Síndrome de Dravot

Pues sí, tal y como afirmara el judío Shylock, bien es cierto que por otros motivos bastante menos lúdicos que los que nos traen hoy aquí, si les pinchan efectivamente sangran. El Espanyol de Mauricio Pochettino ha puesto el dedo en la llaga azulgrana, descubriendo al mismo tiempo el flanco débil del todopoderoso Barcelona; ahora sólo cabe hacerse una pregunta: ¿llegará demasiado tarde este descubrimiento o puede virar sorprendentemente el rumbo de la Liga?... El daño que le ha hecho el empate del sábado pasado a Guardiola queda fielmente reflejado en su actitud nada más acabar el encuentro, un instante antes de estrecharle la mano al entrenador rival; tampoco es nuevo en el técnico culé pero, justo cuando el árbitro pitó el final, Pep empezó su particular show, agitando airadamente los brazos y lanzando invectivas probablemente dirigidas hacia el cuarto árbitro, consentidor necesario, según su particularísima visión de las cosas, del tercer grado futbolístico al que acababan de someter a su equipo.
 
Para mí que Guardiola sufre lo que podríamos denominar como "síndrome de Dravot", aquel personaje de Rudyard Kipling cuya avaricia le llevó a querer ser dios de Kafiristán. Esta hipertrofia del ego está muy bien definida por Tim Connor, autor de varios libros de gestión empresarial: "el ego desea aparentar buena forma, ser correcto, no cometer errores, no admitir fallos, mantener el control durante todo el tiempo". Guardiola está tan acostumbrado a la vaselina y a que le pasen la mano por el lomo que inevitablemente reacciona muy mal ante los cambios, que, en su caso, consistirían en no ganar siempre y en cualquier circunstancia siguiendo de forma estricta sus propios cánones de belleza futbolística. Las declaraciones de Xavi, que es la prolongación de su entrenador sobre el campo, van en esa dirección: ¿cómo osa el Espanyol ir al choque cuando venimos de asombrar a Europa?

Seguro que la vía de escape descubierta por Pochettino habrá llamado poderosamente la atención de Mourinho. Si hay un entrenador en el mundo capaz de dominar el "otro fútbol" al que se refirió una vez José Antonio Camacho, ése es sin dudarlo el entrenador portugués del Inter de Milán. Es probable que el Barcelona pase a la final de la Champions y muy posible que la gane, y es seguro que el Inter no dará las tremendas facilidades que dio el Arsenal en los cuartos de final. Por si fuera poco, y en el hipotético caso de una eliminación culé, Mourinho, que sigue sonando con insistencia como futurible entrenador blanco y que acaba de ser elogiado por Cristiano Ronaldo, se convertiría en el héroe madridista y en el hombre que, a diferencia de Dravot en Kafiristán, sí podría reinar perfectamente en el estadio Santiago Bernabéu. Tan innegable es que la semifinal europea tiene muchísimo morbo como que la Liga española acaba de revivir cuando parecía muerta y definitivamente enterrada. Y es que cuando les pinchan sangran como le pasa a todo hijo de vecino.
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